París, París de Christophe Barratier (2008)

Primavera de 1936. En un distrito de clase obrera en el norte de París está el teatro Chansonia. El cierre del Chansonia deja a Pigoil (Gérard Jugnot), Milou (Clovis Cornillac) y Jacky (Kad Merad) en el paro. Con el apoyo de los vecinos, los tres amigos deciden tomar las riendas de su propio destino: intentan forzar su suerte y ocupar el Chansonia para producir el musical de éxito que les permita comprar el local. Cada uno de ellos tiene sus propios motivos para embarcarse en este proyecto, pero todos comparten una misma meta: poner nuevamente en orden sus vidas. Sin embargo, la empresa no va a ser fácil.

Valoración: 6,328.

FICHA

Título original: Faubourg 36.
Director: Christophe Barratier.
Guionistas: Christophe Barratier, Pierre Philippe, Julien Rappeneau.
Reparto: Clovis Cornillac, Gérard Jugnot, Kad Merad, Nora Arnezeder, Pierre Richard, Bernard-Pierre Donnadieu, François Morel, Maxence Perrin, Élisabeth Vitali.
Productores: Nicolas Mauvernay, Jacques Perrin.
Música: Reinhardt Wagner.
Fotografía: Tom Stern.
Montaje: Yves Deschamps.
Países participantes: Francia, Alemania, República Checa.
Año de producción: 2008.
Duración: 120 minutos.
Calificación por edades: Apta para todos los públicos.
Género: Musical, Comedia, Drama.
Estreno (España): 8 de abril de 2009.
DVD (Venta): 1 de enero de 2013.
Distribuidora (España): eOne Films Spain.
Espectadores (España): 100.320.
Recaudación (España): 571.652,27 €.
Visitas: 2.
Popularidad: 40 / 46.

COMENTARIO

Tras la muy exitosa y lacrimógena Los chicos del coro (2004), Christophe Barratier apostó por otro musical protagonizado por Gérard Jugnot. Estamos ahora en la Francia de 1936, cuando el triunfo del Frente Popular. Nuestro hombre, aquí humilde artista de music hall abandonado por su mujer -entre otras desgracias-, se propone reabrir un viejo teatro. Con este fin, agrupa algunos artistas en régimen de cooperativa y contrata talentos en potencia que encuentra por las calles de París. (Anuario Fotogramas 2010).

CRÍTICA

14-04-2009 – JOSU EGUREN

Maravilla de París

Rescatado del anonimato por un melódico hatajo de grumetes cantores, Christophe Barratier repite la jugada que le llevó a la gloria junto a Los chicos del coro (2004) dirigiendo la proa de su nueva barca en el mismo rumbo. Otra mirada nostálgica al pasado, esta vez varado entre los adoquines de un barrio colorista de París, es lo que lo que nos ofrece un director que más allá de las referencias evidentes se homenajea a sí mismo. Barratier calca las emociones adulteradas de su anterior trabajo, pasando varias veces por la quilla cualquier atisbo de dramatismo, para facturar un producto que sin duda debería exhibirse en las estanterías de las tiendas de souvenirs, junto a las replicas de la torre Eiffel y las postales del Louvre. Sabiendo que Barratier nunca frecuentaría las calles paralelas del beckeriano lumpen parisino, no era difícil imaginar que su estampa de la luminosa capital gala iba a estar anegada por toneladas de almíbar, aunque esta vez se la ha ido la mano con una receta hiperglucémica no apta para todos los públicos.

Hay que ser muy condescendiente para perdonarle a Barratier sus acusados vaivenes líricos, más aún cuando su historia nos lleva a las primeras filas de un café-teatro poblado por personajes naïfs, dibujados con una simpleza anacrónica impropia a estas alturas de siglo. Es el París de Luis Mariano, no el de Les enfants du Paradis (Marcel Carné, 1945), una ciudad donde los pintores visten como artistas bohemios y cuyas calles siempre anochecen animadas por el sonido del acordeón, el escenario perfecto para que Barratier homenajee al teatro de cabaret. Caleidoscópicos números de revista, actores cómicos y vedettes son parte de una función pensada para colgar el cartel de 'no hay billetes' en la que sus personajes son rudimentarias piezas en el engranaje de un 'Sábado noche' teatral. Sin duda sus mejores asideros se los proporciona una esplendida dirección artística que no hace olvidar una trama simplista sólo recomendable para quienes hayan pagado la entrada a cambio de su ingenuidad.


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