25 Kilates (2008)

Cartel: 25 Kilates (2008)
El solitario Abel (Francesc Garrido) cobra las deudas a los morosos por métodos poco ortodoxos. Sebas (Manuel Morón) siempre anda metido en líos, timando a unos para saldar cuentas con otros, y su hija, la joven Kay (Aida Folch), no ha dudado en seguir los pasos de su padre, especializándose en el robo de coches. Todos ellos, junto a muchos delincuentes internacionales, actúan en la gran ciudad bajo la inoperancia del corrupto inspector Garro (Joan Massotkleiner). Sin embargo, están hartos de la vida que llevan y puede que dando un último golpe puedan retirarse.

Valoración: 6,372.

TRÁILER DE LA PELÍCULA


FICHA

Título Original: 25 kilates.
Director: Patxi Amezcua.
Guionista: Patxi Amezcua.
Reparto: Joan Massotkleiner, Aida Folch, Francesc Garrido, Héctor Colomé, Manuel Morón, Ignasi Abadal, María Lanau, Montserrat Salvador, Carolina Montoya.
Productores: Quique Camín, José Nolla.
Música: Francis Amat.
Fotografía: Sergi Gallardo.
Montaje: Lucas Nolla.
Nacionalidad: España.
Año de Producción: 2008.
Duración: 86 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 13 años.
Género: Aventuras.
Estreno (España): 24 de abril de 2009.
DVD (Venta): 23 de septiembre de 2009.
Distribuidora (España): Golem Distribución.
Espectadores (España): 37.383.
Recaudación (España): 220.440,50 €.
Visitas: 0.
Popularidad: 93 / 94.

Fotograma: 25 Kilates (2008)

COMENTARIO

El cortometrajista y guionista pamplonés Patxi Amezcua debuta en largo con este thriller barcelonés protagonizado por Aida Folch y Francesc Garrido. Ella sobrevive a base de timos y robos de coches y se libra de ser detenida por la guardia civil gracias a la casual intervención de un violento cobrador de morosos. Se liarán al tiempo que seguirán haciendo frente a sus respectivos problemas familiares. El robo de un alijo de diamantes no hará más que complicar las cosas. (Anuario Fotogramas 2010).

Fotograma: 25 Kilates (2008)

CRÍTICA

30-04-2009 – JOSU EGUREN

Crónica negra

Como bien apuntaba el itinerante Roberto Saviano, sorprende que en nuestro país nunca hayan medrado las organizaciones criminales autóctonas que han servido como fuente de inspiración para el cultivo del mejor género negro. Puede que en un futuro próximo, España se anime a nacionalizar esas bandas de criminales albanokosovares que llegan en oleadas desde los países del Este, de tal manera que nuestros guionistas encuentren el material necesario para acuñar denominaciones de origen cercanas a las del polar francés, la yakuza-eiga o el poliziesco.

Pero, hasta que eso ocurra, nuestra crónica cinematográfica más oscura seguirá estando protagonizada por un puñado de buscavidas marginales, muy similares a los que destaca el debutante Patxi Amezcua. Estoy totalmente convencido de que, para revitalizar el interés en nuestra industria, es necesario explorar diferentes tipos de género, y me da igual si se apuesta por la serie B, la ciencia-ficción casposa o el cine negro. Lo que parece evidente es que el dramilla social y/o costumbrista apenas traspasa las mallas del implacable cedazo cinéfilo. Puede que "25 Kilates" esté plagada de lugares comunes y que los lectores de Vázquez Montalbán se conozcan al dedillo las callejuelas más lúgubres de la Barcelona arrabalera, pero todavía quedan historias que pueden volverse a contar si en la tarea se emplean muchas dosis de oficio, madurez y buen temple.

El corto currículo de su director engaña, no en vano siguió los pasos de "El viaje de Arián" (Eduard Bosch, 2000) y "Yoyes" (Helena Taberna, 2000), y eso se nota en la habilidad con la que dibuja a sus personajes en trazos simples pero certeros. Amezcua reivindica la funcionalidad de los arquetípicos antihéroes, puede que foto-homenajeando obras como "Todo por la pasta" (Enrique Urbizu, 1991) y "La caja 507" (Enrique Urbizu, 2002), para ahorrarnos esas líneas del guión que no aportan valor al texto.

"25 kilates" va siempre directa al grano y lo hace de la mano de un Francesc Garrido ("El truco del manco", Santiago A. Zannou, 2008) que bien podría habitar los universos de J. P. Melville y Dashiell Hammett.