La máquina de pintar nubes (2009)

La máquina de pintar nubes (2009)

Bilbao, 1974. Mientras los conflictos sacuden el barrio de Santutxu, Asier (Bingen Elortza) sólo piensa en hacerle un retrato a la chica que ama. Lo malo es que es daltónico y, aunque su padre (Aitor Mazo) es pintor, prefiere pedirle ayuda a su hermano Mateo (Lander Otaola), un rebelde con dotes artísticas que acepta enseñarle por dinero. Cuando Mateo huye para evitar la mili, deja a Asier un artilugio, La máquina de pintar nubes, para que solucione sus problemas cromáticos, pero el verdadero talento de Asier surgirá a raíz de una tragedia.

Valoración: 6,069.

La máquina de pintar nubes (2009)

FICHA

Título Original: La máquina de pintar nubes.
Directores: Aitor Mazo, Patxo Tellería.
Guionista: Aitor Mazo.
Reparto: Montse Mostaza, Gracia Olayo, Aitor Mazo, Bingen Elortza, Santi Ugalde, Chema Muñoz, Lander Otaola, Loreto Mauleón, Asier Oruesagasti.
Productores Ejecutivos: Alberto Gerrikabeitia, Melchor Miralles, Joxe Portela, Miguel Torrente.
Música: Bingen Mendizábal.
Fotografía: Gaizka Bourgeaud.
Montaje: Haritz Zubillaga.
País Participante: España.
Año de Producción: 2009.
Duración: 99 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 7 años.
Género: Drama.
Estreno (España): 2 de octubre de 2009.
DVD (Venta):
Distribuidora (España): Paramount Pictures Spain.
Espectadores (España): 41.635.
Recaudación (España): 225.893,57 €.
Visitas: 1.
Popularidad: 15 / 53.

La máquina de pintar nubes (2009)

COMENTARIO

Aitor Mazo y Patxo Tellería debutan tras la cámara con una película de aprendizaje. En el Bilbao de 1974, Asier (Bingen Elortza) es un adolescente que quiere conquistar a la chica de sus sueños escolares. Para conseguirlo, deberá pintar un cuadro, un arte en el que todos los hombres de la familia, su padre y su hermano mayor, le aventajan, pues tiene un serio hándicap: es daltónico. Para remediar el entuerto, su hermano le regalará La máquina de pintar nubes. (Anuario Fotogramas 2010).

La máquina de pintar nubes (2009)

CRÍTICA

08-10-2009 – JOSU EGUREN

Para gustos colores

Si este crítico pensase mal, que regularmente lo hace, diría que los realizadores se han puesto la venda antes que la herida. Ahí va ese diálogo manido con el que sugieren que los críticos son pintores, escritores o directores de cine frustrados, y resentidos; puede que no les falte razón, aunque algunos pensamos que las frustraciones es mejor dejarlas en el ámbito de lo privado antes que hacerlas públicas en una pantalla de cine. Prefiero la imagen del crítico heroico descrito en Malditos Bastardos (2009) por un tal Quentin Tarantino, más que nada porque éste apreciaba a Pabst, Clouzot y Leni Riefenstahl, canela fina.

La máquina de pintar nubes es otra cosa, puro cine catódico, átono y predecible, armado en torno a una historia inane que parece descartada de una serie televisiva. Y es una lástima, porque la dirección artística es competente, e incluso al principio se escuchan los ecos fordianos de la magistral Qué verde era mi valle (John Ford, 1941) cuando nos aproximamos a un humilde barrio obrero del extrarradio bilbaíno. Un espejismo. Los engranajes de esta máquina son personajes sin brillo, tan tópicos como los amagos de charlotada con los que el guion trata de convencernos de que el humor y el drama de la barriada conviven en un sutil equilibrio.

Sorprende la escasa profundidad del personaje interpretado por Aitor Mazo (Siete minutos, Daniela Fejerman, 2009), todo un actor con mayúsculas, pero es más difícil encontrar una explicación coherente a la deriva dramática de la cinta. Las relaciones de los protagonistas con el entorno son vagas, la recreación del clima político que anudaba gargantas a mediados de los setenta indefendible y el clímax dramático que preludia el desenlace de la historia risible. Hay que verlo para creerlo, pero les aseguro que parece ideado por un David Lynch pueblerino. Una catarata de planos sin aire, que se cierran sobre los protagonistas sugiriendo una tensión que no existe, son el sello visual de esta pequeña obra bienintencionada que no emociona y aburre.



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