Perros de paja. Straw Dogs (2011)

Amy (Kate Bosworth) es una guapa actriz de Hollywood que decide volver a su Blackwater natal junto a su marido David (James Marsden), guionista de cine, para hacerse cargo de la casa familiar. La pareja se halla en una crisis matrimonial profunda y ha decidido tomarse un tiempo para ellos dos solos. Sin embargo, Charlie (Alexander Skarsgård), el ex novio del instituto de Amy, comienza a hostigar al matrimonio junto a sus amigos y poco a poco va incubándose un caldo de cultivo de incontenible violencia que amenaza con estallar en cualquier momento.

Valoración: 5,719.

FICHA

Título original: Straw Dogs.
Director: Rod Lurie.
Guionista: Rod Lurie.
Reparto: Alexander Skarsgård, Dominic Purcell, James Marsden, Kate Bosworth, James Woods, Laz Alonso, Willa Holland, Walton Goggins, Rhys Coiro.
Productor: Marc Frydman.
Música: Larry Groupé.
Fotografía: Alik Sakharov.
Montaje: Sarah Boyd.
País participante: Estados Unidos.
Año de producción: 2011.
Duración: 110 minutos.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.
Género: Suspense, Acción, Drama.
Estreno (España): 16 de diciembre de 2011.
Blu-ray (Venta): 25 de octubre de 2013.
Distribuidora (España): Sony Pictures España.
Espectadores (España): 3.471.
Recaudación (España): 21.960,59 €.
Visitas: 5.
Popularidad: 24 / 65.

COMENTARIO

Remake del violento film homónimo dirigido por Sam Peckinpah en 1971 y protagonizado por Dustin Hoffman y Susan George. James Marsden encarna a David Sumner, un guionista de Hollywood que se desplaza junto a su esposa Amy (Kate Bosworth) al pueblo natal de ésta al sureste de los Estados Unidos. El aparentemente apacible vecindario se convertirá en un auténtico infierno cuando el ex novio de Amy (Alexander Skarsgård) encabece un intolerable asedio contra la pareja que pondrá a prueba el temple de David. (Anuario Fotogramas 2012: Gerard A. Cassadó).

CRÍTICA

16-12-2011 – JOSU EGUREN

A medio gas

Hundidos en la ciénaga tóxica que separa los 'remakes' plano a plano de las brillantes relecturas de aquellos textos que sirvieron de base a las obras originales, podemos encontrar mutaciones como este 'se-le-parece' firmado por Rod Lurie, un trabajo de encargo que equivoca el espíritu del clásico de Sam Peckinpah enredándose en un problema de fechas, volúmenes y orientaciones geográficas.

Reubicando a la pareja protagonista de la novela de Gordon M. Williams en un pueblecito confederado termométricamente opuesto al que Peckinpah eligió para escenificar la traumática desarticulación de una pareja (una vez más Hollywood imagina el Sur como un personaje 'redneck' cargado de tópicos), Rod Lurie trata de lubricar la narración con unas gotas de sudor que manan de los diálogos, en tanto que las dos escenas eróticas que deberían poner a prueba al espectador se resuelven con un voluntario refugio en la autocensura más reaccionaria. Proscrito el dilema moral, borrado, el 'remake' de Perros de paja podría haber hecho fortuna convirtiéndose en a) una apología de la infidelidad en clave de comedia romántica (Bosworth-Skarsgård), o b) un 'anti-slasher' deudor de La última casa a la izquierda (Wes Craven, 1972) y la La gran revancha (Sean S. Cunningham, 1985), dos opciones que Rod Lurie descarta para hacer realidad la morbosa reconstrucción de una escena final torpemente descrita en el guión como una analogía de la batalla de Stalingrado.

Errores de casting al margen (el tamaño de Alexander Skarsgård miniaturiza todo lo que le rodea), los problemas de Perros de paja son producto de una mala planificación que suspende la película en el limbo de un montaje paralelo anticlimático. Rod Lurie apuesta por la inframostración cuando la elección más lógica hubiese sido violentar al público desde el fuera de campo, y va más allá olvidándose del tema central de la película para contrapesar el drama de la pareja con un estudio de menor sobre la violencia en la América post 11-S.

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