Los niños de Timpelbach (2008)



Timpelbach se ha convertido en el escenario de una pequeña batalla doméstica: por un lado están los niños, que se resisten a cualquier tipo de autoridad, y por otro los padres, hartos de las continuas travesuras de sus hijos. Cuando la situación se vuelve insostenible, los adultos deciden abandonar el pueblo para dar una lección a los más pequeños. Sin embargo, esto será aprovechado por los chavales para hacer lo que quieran y, lo que es peor, para enfrentarse en bandas por el dominio del lugar.

Valoración: 5,629.


FICHA


Título Original: Les enfants de Timpelbach.
Director: Nicolas Bary.
Guionistas: Nicolas Bary, Nicolas Peufaillit, Fabrice Roger-Lacan.
Reparto: Raphaël Katz, Léo Legrand, Adèle Exarchopoulos, Carole Bouquet, Gérard Depardieu, Baptiste Bétoulaud, Martin Jobert, Lola Créton, Ilona Bachelier.
Productor: Dimitri Rassam.
Música: Frédéric Talgorn.
Fotografía: Axel Cosnefroy.
Montaje: Véronique Lange.
Países Participantes: Francia, Luxemburgo.
Año de Producción: 2008.
Duración: 95 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 7 años.
Género: Infantil, Aventuras, Fantástica.
Estreno (España): 18 de marzo de 2010.
DVD (Venta): 21 de mayo de 2014.
Distribuidora (España): Flins y Pinículas.
Espectadores (España): 35.225.
Recaudación (España): 199.243,03 €.
Visitas: 1.
Popularidad: 14 / 86.


COMENTARIO


El cortometrajista francés Nicolas Bary debuta en el largometraje con esta adaptación de un libro infantil del escritor alemán Henry Winterfeld. La película pone en escena la algarabía que se desata en el pueblo de Timpelbach cuando los padres, hartos de las travesuras de los niños, abandonan la localidad durante un día... que terminará siendo más. Junto a un extenso reparto de jóvenes debutantes, consagrados del cine francés como Gérard Depardieu y Carole Bouquet aparecen en pequeños papeles secundarios. (Anuario Fotogramas 2011: Manuel Yáñez Murillo).


CRÍTICA


22-03-2010 – JOSU EGUREN

Los niños perdidos

Inspirándose en un cuento del alemán Henry Winterfeld, Nicolas Bary escribe y dirige su primer largometraje, una fábula orientada al público infantil en la que los niños deben autogestionarse. Libres de la autoridad paterna, un castigo de doble filo, que finalmente se vuelve contra los mayores, la extensa prole de Winterfeld se alinea en dos bandos: uno liderado por un dictador que apela a la fuerza bruta siguiendo los consejos de un Goebbels de medio metro, y otro con un perfil democrático que recuerda la utopía de la revolución comunera. A su modo y manera, Los niños de Timpelbach es política, no en vano Winterfeld se exilió de Alemania en los años 30, aunque su experimento no alcance las cotas de crueldad y salvajismo vistas en El señor de las moscas. Los referentes de Bary parecen claros, máxime cuando el cine ha sido tan poco prolijo dando voz y voto a los más pequeños: La guerra de los botones (1962), de Yves Robert, y A las nueve cada noche (1967), de Jack Clayton, son los primos lejanos de unos niños que estéticamente se sienten más próximos a los universos amelienses de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro.

Bary abre el libro de Winterfeld por la primera página, descubriéndonos un pequeño pueblo barroco ingobernado por unos adultos que se sienten incapaces de poner freno a las travesuras de sus vástagos, y rápidamente pasa al meollo, mediante una secuencia animada que sintetiza el mundo de locos en el que se ha convertido la aldea gala. En el tumulto podemos distinguir cuatro o cinco personajes, y un largo coro de niños perdidos que recuerdan a los hijos de James Barrie, aunque en la práctica todo el peso de la película recae sobre los hombros de Adéle Exarchopoulos y Raphaël Katz. Siguiendo la lógica, el tramo final desemboca en un alegato final previsible, pero sin subrayados, que sin más explicaciones deja suspendida una bonita historia de amor adolescente. Ojalá que otras hexalogías infantiles compartiesen el tono y los buenos propósitos de esta camada.