La conspiración (Robert Redford, 2.010)

Póster: La conspiración (Robert Redford, 2.010)

La conspiración (Robert Redford, 2.010)


Ficha:


Título Original: The Conspirator.
Director: Robert Redford.
Guionistas: Gregory Bernstein, James D. Solomon.
Intérpretes: James McAvoy, Robin Wright, Kevin Kline, Evan Rachel Wood, Danny Huston, Justin Long, Tom Wilkinson, Alexis Bledel, Johnny Simmons, Norman Reedus, Jonathan Groff, James Badge Dale, Toby Kebbell, Stephen Root, Colm Meaney, John Cullum, Shea Whigham, Chris Bauer, Jim True-Frost, Gerald Bestrom.
Productor: Brian Peter Falk, Bill Holderman, Robert Redford, Greg Shapiro, Robert Stone.
Fotografía: Newton Thomas Sigel.
Música: Mark Isham.
Montaje: Craig McKay.
País: Estados Unidos.
Año: 2.010.
Duración: 125 minutos.
Edad: No recomendada para menores de 7 años.
Género: Crimen, Drama, Histórica.
Distribuidora: DeAPlaneta, S. L.
Estreno: 02-12-2.011.
WEB Oficial: Web Oficial de la película en España.
Espectadores: 174.315.
Recaudación: 1.139.002,45 €.
Calificación: 6,089.


Sinopsis:


Tras el asesinato de Abraham Lincoln, ocho personas son detenidas y acusadas de conspirar para matar al presidente, al vicepresidente y al secretario de Estado. La única mujer que se encuentra entre ellos, Mary Surratt (Robin Wright), regenta una pensión donde el autor del magnicidio, John Wilkes Booth, y sus cómplices se reunieron y planearon los atentados simultáneos. Mientras Washington se recupera de las heridas de la Guerra Civil, el abogado Frederick Aiken (James McAvoy), un héroe de guerra unionista de 28 años, accede a regañadientes a defender a Surrat ante un tribunal militar. Sin embargo, el joven abogado sospecha que su cliente podría ser inocente y que está siendo utilizada como señuelo y rehén para capturar a su propio hijo, John, el único conspirador que escapó a la orden general de busca y captura. Con el país entero en contra de Surratt, Aiken es el único dispuesto a destapar la verdad y salvarle la vida.


Comentario:


Robert Redford recupera, en su nuevo film como director, uno de los episodios más negros de la historia de su país: la primera condena a muerte y ejecución de una mujer en Estados Unidos. Robin Wright encarna a Mary Surratt, acusada injustamente de participar en el atentado que acabó con la vida del presidente Lincoln, James McAvoy interpreta al abogado que se hará cargo de su defensa y que descubrirá que su cliente está siendo víctima de una conspiración que pretende tomarla como cabeza de turco para preservar la unidad del país.


Crítica:


05-12-2.011 – ANTÓN MERIKAETXEBARRIA


Magnicidio en Washington


Con "La conspiración" estamos ante una nueva vuelta de tuerca al tema del complot que culminó con el magnicidio del decimosexto presidente -y primero del Partido Republicano- de Estados Unidos, Abraham Lincoln, asesinado en Washington por el espía sudista John Wilkes Booth el 15 de abril de 1.865. Ambos personajes ya fueron retratados en obras maestras del calibre de "El nacimiento de una nación (D.W. Griffith, 1.915)", donde Lincoln estaba interpretado por Joseph Henabery y Booth por Raoul Walsh; así como en "Prisionero del odio (John Ford, 1.936)", donde aparecían bajo los rasgos de Frank McGlynn Sr. y Francis McDonald, respectivamente.


Por fortuna, en "La conspiración" se pone el acento en un personaje femenino poco tratado hasta la fecha, Mary Surratt (interpretada con empaque por una Robin Wright muy entregada a su papel), dueña del albergue donde los conspiradores llevaron a cabo su plan. También figura el abogado encargado de su defensa, excapitán del ejército nordista (el discreto James McAvoy), en un filme honrado, elegante, ambientado con la exactitud histórica que el tema exigía.


Robert Redford consigue ilustrar de forma correcta determinadas partes (las secuencias del juicio a una civil presidido por un tribunal militar, algo que va contra Derecho en cualquier país democrático que se precie) de un guión que procura indagar en lo que realmente sucedió en aquellos duros años. Al tiempo, la película incluye una escena bélica, bien filmada por su máximo responsable, incluido el espíritu patriótico, épico. De manera que la cinta no deja de bascular entre la simpatía y la repulsión en relación con los hechos históricos tratados, lo cual proporciona combustible suficiente al argumento para evolucionar casi siempre por el camino menos esperado. Todo ello, unido al brillante trabajo de ambientación, sitúa con absoluto merecimiento a este sólido ejercicio ético y moral en el respetable lugar que le corresponde.


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