Rabia (Sebastián Cordero, 2.009)

Póster: Rabia (Sebastián Cordero, 2.009)

Rabia (Sebastián Cordero, 2.009)


Ficha:


Título Original: Rabia.
Director: Sebastián Cordero.
Guionista: Sebastián Cordero.
Intérpretes: Martina García, Gustavo Sánchez Parra, Concha Velasco, Icíar Bollaín, Àlex Brendemühl, Fernando Tielve, Yon González, Xabier Elorriaga, Alfonso Torregrosa, Asier Hormaza.
Productores: Álvaro Augustin, Rodrigo Guerrero, Eneko Lizarraga, Bertha Navarro, Guillermo del Toro.
Fotografía: Enrique Chediak.
Música: Lucio Godoy.
Montaje: David Gallart.
País: México, España, Colombia.
Año: 2.009.
Duración: 96 minutos.
Edad: No recomendada para menores de 12 años.
Género: Drama, Romántica, Suspense.
Distribuidora: Wanda Visión, S. A., Think Studio, S. L.
Estreno: 28-05-2.010.
WEB Oficial: Web Oficial de la película en España.
Espectadores: 23.969.
Recaudación: 119.683,11 €.
Calificación: 5,841.


Sinopsis:


José María es albañil y Rosa empleada doméstica interna. Son inmigrantes sudamericanos, trabajan en España y desde hace pocas semanas son pareja. José María tiene una personalidad volátil y una discusión lo lleva a un enfrentamiento violento con su capataz, que culmina con la muerte accidental de este último. José María no sabe qué hacer y se refugia en la mansión donde trabaja Rosa, sin contar nada a nadie, ni siquiera a ella… Escondido en el desván abandonado, José María comienza una vida secreta. Entre fantasma y 'voyeur', roba comida en las noches, siempre escondido, teniendo como única compañía a las ratas de la casa. Escucha y mira todo, consciente del riesgo constante de ser descubierto. José María descubre una segunda línea de teléfono en la casa, y llama a Rosa, sin revelar nunca donde está. Empiezan una relación a 'larga distancia', esperando con anhelo el día cuando podrán estar juntos nuevamente. Desde las sombras, se convierte en un testigo de la vida triste y solitaria de los señores Torres, presenciando la cotidianidad de Rosa en el trabajo. Rosa es querida por la familia, pero también es víctima de varios abusos, verbales y físicos. Sin poder hacer nada, José María observa todo sin poder actuar, mientras su rabia crece…


Comentario:


Apadrinado por el equipo de producción de Guillermo del Toro, Sebastián Cordero consiguió la Biznaga de Oro a la Mejor Película en el Festival de Málaga por este thriller melodramático de alta tensión. José María (Gustavo Sánchez Parra) es albañil y Rosa (Martina García) trabaja como empleada doméstica interna. Inmigrantes sudamericanos, su relación se truncará cuando él mata accidentalmente a su capataz y se refugia en la mansión donde ella trabaja, convirtiéndose en una presencia aterradora dentro de la casa.


Crítica:


03-06-2.010 – ANTÓN MERIKAETXEBARRIA


Arriba y abajo


"Rabia" no debió filmarse en España. Con el desembarco peninsular de los personajes descritos por el argentino Sergio Bizzio, Sebastián Cordero arrastra un tema extremadamente incómodo, apenas resuelto y que, a la postre, ensordece los ejes temáticos de la última película ganadora en el Festival de Málaga. El amor obsesivo compulsivo de un mirón forzoso, 'voyeur' del discreto encanto de la burguesía, vasca, centra el enfoque de un director que maneja con habilidad comercial los resortes del terror psicológico, en la línea del Polanski (ya le gustaría) más hitchcokiano. El pero está en la nacionalidad de sus personajes, hablamos de Martina García y Gustavo Sánchez Parra, que inscriben a "Rabia" en la lista de dramas migratorios acentuando la descripción maniquea de una familia que no necesita impulsos de ningún tipo para sumirse en una profunda degradación moral. Arriba y abajo, dos celdas. Desde el limbo que ocupa el actor colombiano, Sebastián Cordero prolonga la metáfora de "El Ángel Exterminador" buñueliano, alimentando la rabia del proletario con vejaciones, virulentas explosiones de celos y la imposibilidad de acercarse al ser que ama -por pudor, candor o ambas cosas, el director no se atreve a nacionalizar la celopatía extrema-. Y desde el piso de una asfixiante mansión indiana somos testigos de la ruina de unos seres sin presente, parapetados tras una fachada opulenta, que se desdibujan con el desenfoque de la cámara manejada por Enrique Chediak. El autor de "Rabia" no es un debutante; sabe estirar la tensión de una trama famélica con secuencias que aliteran una misma idea a lo largo de todo el metraje, recurriendo a elipsis oportunistas que, sumadas a varios golpes de efecto, rescatan al espectador de la tiranía del discurso lineal. Es necesario realizar una mención especial para el trabajo de unos actores correctos, agradecidos por la cercanía del primer plano, que apuntalan las grietas de un largometraje que declina el 'thriller' psicológico en clave de cine social.


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