Anna Karenina (2012)



Anna (Keira Knightley) es una atractiva dama de la alta sociedad de San Petersburgo, casada con el importante funcionario del imperio zarista Aleksándrovich Karenin (Jude Law). En un viaje en tren a Moscú, conoce al militar Alekséi Kiríllovich Vronsky (Aaron Taylor-Johnson), apuesto y osado oficial que, inmediatamente, queda prendado de ella. Tras sucesivos encuentros, se enamoran inevitablemente y Anna Karenina se queda embarazada, por lo que decide abandonar a su marido por el oficial ante las miradas desaprobadoras de la sociedad zarista.

Valoración: 6,338.


FICHA


Título Original: Anna Karenina.
Director: Joe Wright.
Guionista: Tom Stoppard.
Reparto: Jude Law, Olivia Williams, Keira Knightley, Aaron Taylor-Johnson, Kelly Macdonald, Matthew Macfadyen, Emily Watson, Domhnall Gleeson, Ruth Wilson, Alicia Vikander.
Productores: Tim Bevan, Eric Fellner, Paul Webster.
Música: Dario Marianelli.
Fotografía: Seamus McGarvey.
Montaje: Melanie Oliver.
País Participante: Reino Unido.
Año de Producción: 2012.
Duración: 130 minutos.
Calificación por Edades: Apta para todos los públicos.
Género: Drama, Romántica.
Estreno (España): 15 de marzo de 2013.
DVD (Venta): 7 de agosto de 2013.
Distribuidora (España): Universal Pictures Spain.
Espectadores (España): 405.499.
Recaudación (España): 2.789.211,38 €.


COMENTARIO


Tras su trabajo en Orgullo y prejuicio (2005), Joe Wright regresa al film de época con esta revisitación del clásico de León Tolstói a partir de un guión firmado por Tom Stoppard (El imperio del Sol, Steven Spielberg, 1987). La trama de esta nueva Anna Karenina se desarrolla fundamentalmente en un teatro, una apuesta estética realmente revolucionaria. En la Rusia de finales del siglo XIX, Anna (Keira Knightley) desafía las convenciones de la alta burguesía tras abandonar a su marido (Jude Law) por el conde Vronski (Aaron Taylor-Johnson). (Anuario Fotogramas 2014: Ana Ramírez).


CRÍTICA


15-03-2013 – JOSU EGUREN

Abajo el telón

Si Expiación. Más allá de la pasión (2007) fue celebrada como la mejor adaptación posible de la novela homónima de Ian McEwan, y Hanna (2011) recibió elogios por su relectura del repertorio clásico de los hermanos Grimm desde el punto de vista de un postmodernismo lúdico y extemporáneo, encontrarán lógica cierta decepción tras el primer contacto con esta suntuosa versión de Anna Karenina, un ballet de imágenes abrumadoras que sepulta el espíritu realista de la obra de Tolstói en el embrujo de una poderosa orfebrería visual.

A favor: un diseño de producción preciosista que acota la acción en un espacio cerrado en el que los movimientos de cámara vencen con holgura la rigidez ampulosa de una puesta en escena teatral. En contra: que la artificiosidad de los movimientos de cámara ahoga el contraste entre la belleza de sus valses cinematográficos y los primeros planos a la angustia psicológica de sus personajes.

Desde luego que Anna Karenina no es un producto recomendable para los talibanes de la literatura decimonónica -está especialmente contraindicada para aquellos lectores que no perdonen la libertad con la que el guión deshoja caracteres tan elaborados como los de Kitty y Konstantín Lyovin-, pero se asumen como necesarios ciertos recortes que no afectan tanto a la estructura de la novela como los que perpetraron los guionistas de Julien Duvivier y Clarence Brown. El problema es que Wright equivoca el sentido de una puesta en escena que, lejos de servir para denunciar los hipócritas corsés morales de la alta sociedad rusa, suspende en un limbo de superficialidad la relación tormentosa del Conde Vronsky y Anna Karenina. Lejos de un modelo al que secretamente aspira -el Capricho Imperial (1934) de Josef Von Sternberg, infatuado por el recuerdo de Cisne Negro (Darren Aronofsky, 2010)-, Joe Wright factura una película más lenta y pesada que la lectura en cirílico de una novela de más de 1.000 páginas.



13-08-2013 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Amor estepario

Es muy arriesgada la forma en la que el ambicioso director británico Joe Wright (Expiación, 2007) aborda la adaptación cinematográfica de la célebre novela del mismo título de León Tolstói, puesto que la enmarca en un escenario teatral, sobre el que se describen las relaciones de los protagonistas. A partir de ahí, una desbocada pasión, la que vive una mujer casada con el apuesto conde Vronsky, en la revolucionaria Rusia zarista del siglo XIX, es el elemento motriz de la película, filmada a base de suntuosos planos-secuencia, en una suerte de 'tour de force' visual, tan brillante como espectacular.

Bajo el manto de la desesperación amorosa, el realizador vierte las redes de su virtuosismo, en ocasiones un tanto artificioso, que todo hay que decirlo, a la hora de pasar revista a una sociedad caduca y a unos sentimientos tan maravillosos como efímeros. Y, desde un punto de vista estrictamente cinematográfico, Joe Wright utiliza todos los sofisticados recursos del cine actual, a base de acelerados movimientos de cámara, montaje vertiginoso, elipsis brutales y una dirección de actores que incide con armas y bagajes en ese tono enfebrecido que exige la escenografía empleada esta vez por el autor de una de las mejores versiones de Orgullo y prejuicio (2005).

En cualquier caso, Anna Karerina sobrevive a las nuevas tecnologías, siempre al filo de lo efectista, para lograr una melancólica historia de amor estepario, ilustrada por un tapiz iconográfico y literario de altos vuelos, que no termina de funcionar a pleno pulmón. Sin embargo, gracias al insólito equilibrio de todos los ingredientes éticos y estéticos que conforman la película, ofrece al fin una considerable alternativa a la forma de narrar tradicional, clásica, por mor de su desbordante imaginación, romanticismo a ultranza y sofisticación visual. Un título, en suma, que deja un regusto a vida soñada...