Perder la razón (2012)

Póster: Perder la razón (2012)
El joven Mounir (Tahar Rahim) ha vivido siempre con el Doctor Pinget (Niels Arestrup), que le ha dado una vida acomodada desde que era un niño. Cuando decide casarse y tener hijos con Murielle (Émilie Dequenne), a la que ama apasionadamente, la dependencia del doctor se hace excesiva para la pareja. Murielle se encuentra atrapada en un entorno emocional poco saludable. Y lamentablemente esto llevará a la familia a un trágico desenlace.

Calificación: 6,547.

Tráiler de la Película


Ficha:

Título Original: À perdre la raison.
Director: Joachim Lafosse.
Guionistas: Thomas Bidegain, Joachim Lafosse, Matthieu Reynaert.
Intérpretes: Tahar Rahim, Niels Arestrup, Émilie Dequenne, Stéphane Bissot, Mounia Raoui, Redouane Behache, Baya Belal, Nathalie Boutefeu, Yannick Renier, Claire Bodson, Jean-Charles Hautera, Daniel Feis, Joé Michels, Eléa Gillard, Charlie Hoscheck, Lisa Murcia, Gabin Lard, Katrina Anna Scrito Gauci, Juliette Monot, Ambre Milesa, Jade Stambouli, Sohane Stambouli.
Productores: Jacques-Henri Bronckart, Olivier Bronckart.
Fotografía: Jean-François Hensgens.
Música: Adriano Giardina.
Montaje: Sophie Vercruysse.
Diseño de Producción: Anna Falguères.
Diseño de Vestuario: Magdalena Labuz.
Países: Bélgica, Luxemburgo, Francia, Suiza.
Lugares de Rodaje: Luxemburgo; Bélgica; Marruecos.
Fechas de Rodaje: Mayo 2011.
Año: 2012.
Duración: 111 minutos.
Edad: No recomendada para menores de 16 años.
Género: Drama.
Estreno: 23-08-2013.
Distribuidora: Karma Films, S. L.
WEB Oficial: Web Oficial de la película en España.
Puntos Popularidad: 14.
Espectadores: 6.832.
Recaudación: 45.433,02 €.

Crítica:

25-08-2013 – JOSU EGUREN

Una extraña entre nosotros

El cuarto largometraje del belga Joachim Lafosse es un instrumento perfecto para recalibrar el sentido crítico de los espectadores que deseen someterse a la tortura de un drama que flirtea con la estética de los (primeros) hermanos Dardenne para afinar el tono de una historia (real) contaminada por el efectismo psicológico de un telefilme. Primeros planos de una mujer agonizante, corte, primeros planos de una pareja de enamorados, corte... En apenas secuencia y media, Lafosse nos entrega las llaves de su secreto, y, lo que es peor, sin disimular las costuras de un pesado artefacto narrativo en el que el montaje por corte y la elipsis son los dos únicos argumentos expresivos. Las razones que explican la puesta en escena de Lafosse son fácilmente deducibles desde el momento en el que decide estructurar la historia alrededor de una secuencia introductoria previa a un interminable 'racconto' que desembocará en un final tan torpemente filmado como predecible.

Lo anterior no debería ser un problema, pero lo es desde el momento en que toma partido por un personaje sobre el que pesa toda la carga dramática de la película. Su voluntad de trasladar al espacio en off las razones ocultas del deterioro sentimental de una pareja que convive con el padre adoptivo y mecenas del personaje interpretado por Tahar Rahim queda en entredicho cuando introduce un diálogo morboso que produce un vuelco en la postura del espectador, ignorando la sutileza que debería presidir un drama en el que se cruza una maraña de complejas relaciones afectivas. Fingiendo una equidistancia que no existe, Lafosse marea la mirada del espectador con escenas que redundan en la tortura psicológica de la que es víctima una mujer anulada por la extraña complicidad entre dos hombres que invaden el encuadre para generar la antipatía del público. Al menos en esa faceta Niels Arestrup se muestra convincente, aunque cede ante el inmenso poderío de Émilie Dequenne.

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