Nadie quiere la noche (2014)

Fotograma: Nadie quiere la noche (2014)

"Nadie quiere la noche" es la historia de una mujer, Josephine Peary (Juliette Binoche), que quiere reunirse con su marido, el explorador Robert Peary, y compartir con él el instante de gloria de descubrir el Polo Norte. La película narra el viaje temerario y épico de esta mujer por el más inhóspito de los lugares del mundo, sus aventuras y su encuentro con una mujer inuit, Allaka (Rinko Kikuchi), que va a cambiar sus rígidas ideas sobre el mundo y su vida para siempre. Es una historia de aventuras, de descubrimiento, de dolor, de supervivencia y, por encima de todo, una maravillosa historia de amor.

Valoración: 6,100.

Tráiler de la Película


Ficha

Título Original: Nadie quiere la noche.
Directora: Isabel Coixet.
Guionista: Miguel Barros.
Actores: Juliette Binoche, Gabriel Byrne, Rinko Kikuchi, Orto Ignatiussen, Matt Salinger, Ben Temple, Reed Brody, Alberto Jo Lee, Clarence Smith, Velizar Binev, Ciro Miró.
Productores: Dimitar Gochev, Ariel Ilieff, Antonia Nava, Jaume Roures, Andrés Santana, Jérôme Vidal.
Música: Lucas Vidal.
Fotografía: Jean-Claude Larrieu.
Montaje: Elena Ruiz.
Diseño de Producción: Alain Bainée.
Vestuario: Clara Bilbao.
Nacionalidad: España.
Países Participantes: España, Francia, Bulgaria.
Lugares de Rodaje: Noruega; Sofía (Bulgaria); Tenerife (España).
Fechas de Rodaje: De 5 de mayo de 2014 a 1 de julio de 2014.
Año de Producción: 2014.
Duración: 113 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 12 años.
Género: Drama, Aventuras.
Estreno (España): 27 de noviembre de 2015.
DVD (Venta): 18 de marzo de 2016.
Distribuidora: Filmax.
Espectadores (España): 79.877.
Recaudación (España): 473.478,02 €.
Visitas: 0.
Popularidad: 123 / 621.

Cartel: Nadie quiere la noche (2014)

Comentario

Isabel Coixet se inspira en la historia de Josephine Peary (Juliette Binoche), esposa del célebre explorador Robert Peary, quien en 1908 viajó a Groenlandia para unirse a una de las expediciones de su marido, pero quedó atrapada en el Ártico durante meses junto a una humilde esquimal (Rinko Kikuchi). Nominada a nueve Goyas, la película cuenta con un guión de Miguel Barros ("Blackthorn") y con una expléndida fotografía del habitual aliado de Coixet Jean-Claude Larrieu. "Nadie quiere la noche" inauguró la Berlinale en febrero de 2015. (Anuario Fotogramas 2016: Gerard Alonso i Cassadó).

Fotograma: Nadie quiere la noche (2014)

Crítica

01-12-2015 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Blanco nuclear

No acierta la directora Isabel Coixet con sus últimas películas, abocada desde un punto de vista estrictamente cinematográfico a una especie de apagón creativo. En "Nadie quiere la noche" nos enjareta un peculiar melodrama existencial, centrado en el viaje al Polo Norte emprendido por una mujer occidental, dispuesta a reunirse con su marido explorador en el extremo más septentrional del eje de la Tierra. La gélida tundra sirve de marco a las peripecias de dicha dama, donde también surge la entrañable figura de una muchacha indígena, como contrapunto al personaje encarnado con su proverbial elegancia por Juliette Binoche.

Es evidente que los productores no han echado la casa por la ventana en cuanto a vestuario y ambientación se refiere para esta película de época (la acción se sitúa en 1908), trufada de escuetos diálogos, una planificación llena de elipsis y una fotografía (cortesía de Jean-Claude Larrieu) que plasma de forma precisa un paisaje deslumbrante. La película de la autora "A los que aman" plantea asimismo la supervivencia de la cultura indígena frente al hombre blanco nuclear, sin que falte por tanto la vertiente antropológica de la mágica cultura inuit.

"Nadie quiere la noche" se bifurca aquí en dos tramas paralelas bastante bien estructuradas, pero a las que les falta brío, ritmo intenso y un mayor poder de fascinación. Hay aventura en estado puro, atractivos escenarios naturales, defensa del espíritu tribal, introspección psicológica y, cómo no, la imprescindible historia de amor. Sin embargo, el filme se empantana acá y allá, se alarga de forma innecesaria y, a la postre, resulta más frío que un carámbano. Tal vez en sintonía con el inmenso sudario de nieve que cubre unos parajes desérticos, conocidos como Dominio Glaciar. En resumidas cuentas, no aporta nada nuevo esta película repleta de situaciones esquemáticas a más no poder.

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