El Principito (2015)



En un vecindario normal vive una niña a la que su exigente madre está preparando concienzudamente para vivir en el mundo de los adultos. Sin embargo, su vida seria y formal cambia cuando entabla amistad con su vecino, un excéntrico y bondadoso anciano aviador que aún no ha olvidado sus aventuras junto al Principito. De la mano de éste, la pequeña se embarcará en un mágico viaje y descubrirá un fantástico mundo que le ayudará a comprender el verdadero valor de la amistad y el amor.

Valoración: 7,447.


FICHA


Título Original: Le Petit Prince.
Director: Mark Osborne.
Guionistas: Irena Brignull, Bob Persichetti.
Reparto: No hay actores (Animación).
Productores: Dimitri Rassam, Aton Soumache, Alexis Vonarb.
Música: Richard Harvey, Hans Zimmer.
Fotografía: Kris Kapp.
Montaje: Carole Kravetz Aykanian, Matt Landon.
País Participante: Francia.
Año de Producción: 2015.
Duración: 106 minutos.
Calificación por Edades: Apta para todos los públicos.
Género: Animación, Aventuras, Fantástica, Infantil.
Estreno (España): 9 de septiembre de 2016.
DVD (Venta): 30 de diciembre de 2016.
Distribuidora (España): Wanda Visión.
Espectadores (España): 126.998.
Recaudación (España): 669.244,22 €.
Visitas: 1.
Popularidad: 2 / 81.


COMENTARIO


¿Qué pasaría si el mundo se olvidase de El Principito, la emblemática novela de Antoine de Saint-Exupéry? ¿Y si el aviador del cuento, en su vejez, fuese la última persona en recordar aquella maravillosa historia? La nueva película de Mark Osborne, codirector de Kung Fu Panda (2008), toma esta premisa para proponer un viaje entre la realidad y la imaginación, entre la animación digital y el stop-motion. Toda una oda sobre la pérdida elaborada desde una óptica positiva. (Anuario Fotogramas 2017: Manu Yáñez).


CRÍTICA


15-09-2016 – JOSU EGUREN

Para que no me olvides

De la colaboración de Mark Osborne (Kung Fu Panda, 2008) y la guionista Irena Brignull (Los Boxtrolls, Graham Annable, Anthony Stacchi, 2014) nace una nueva adaptación de El Principito que ensancha los límites del relato original para encontrar aliento narrativo en una trama superpuesta a las escuetas líneas poéticas hiladas por la prosa de Antoine de Saint-Exupéry.

Con la idea de que «crecer no es olvidar» como lema, Osborne se sirve del texto del aviador francés como vía de escape para que una niña evada el espartano régimen intelectual diseñado con el objeto de acelerar su ingreso en la etapa adulta. Sus horas de recreo y estudio están marcadas por un severo cronograma que la obliga a autogestionarse mientras su madre se entrega a una vida de estrés y movimientos robotizados poniendo en evidencia que el guion se alimenta de referentes indisimulables como Michael Ende, Momo y los hombres de gris. En ese escenario de naturaleza gótica, pese al reparto ordenado y racional de las calles de una ciudad anónima en la que solo destaca un edificio semiderruido, la protagonista conoce a un anciano extravagante que inflama su imaginación haciéndola partícipe de los recuerdos de su amistad con un niño de cabellos dorados en la inmensidad de un océano de arena aparentemente estéril.

Con motivo de la ensoñación, Osborne alterna entre la animación 3D y un finísimo ejercicio de stop motion que transporta al espectador hasta el asteroide B 612, elevando las metas de un discurso visual que se adocena a medida que lo digital borra los rastros de las delicadas formas moldeadas a partir de piezas de papel fruncido.

En el continuará de una obra que se cerraba en falso acudiendo al poder evocador de lo suspensivo, Osborne elige ilustrar un desenlace atado a fórmulas narrativas convencionales que incluyen la reconciliación, el reencuentro y una explosión de emotividad sin límite.