El editor de libros (2016)

Fotograma: El editor de libros (2016)

Max Perkins (Colin Firth), descubridor de, entre otros, F. Scott Fitzgerald (Guy Pearce) o Ernest Hemingway (Dominic West) es el editor de libros más admirado del mundo. Por su parte, Thomas Wolfe (Jude Law) es un talento emergente cuyo particular temperamento es a veces difícil de llevar. Entre ellos surgirá una profunda y complicada amistad que, unida a su estrecha relación profesional, cambiará por completo la vida de estos gigantes literarios y la obra del que, con el tiempo, se convertirá en uno de los escritores más importantes del siglo XX.

Valoración: 6,202.

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FICHA

Título Original: Genius.
Director: Michael Grandage.
Guionista: John Logan.
Reparto: Nicole Kidman, Jude Law, Guy Pearce, Colin Firth, Laura Linney, Vanessa Kirby, Dominic West, Corey Johnson, Gillian Hanna.
Productores: James Bierman, Michael Grandage, John Logan.
Música: Adam Cork.
Fotografía: Ben Davis.
Montaje: Chris Dickens.
Países Participantes: Reino Unido, Estados Unidos.
Año de Producción: 2016.
Duración Original: 104 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 7 años.
Género: Biográfica, Drama.
Estreno (España): 7 de diciembre de 2016.
Blu-ray (Venta): 30 de mayo de 2017.
Distribuidora (España): A Contracorriente Films.
Espectadores (España): 111.237.
Recaudación (España): 671.974,97 €.

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CRÍTICA

11-12-2016 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Leer para crecer

Las turbulentas relaciones entre un editor y un escritor son el detonante argumental de El editor de libros, adaptada a la gran pantalla a partir de una historia real. De hecho, la relación entre cine y literatura siempre ha sido un tanto conflictiva, tal vez por la dificultad de armonizar un lenguaje visual con el proceso íntimo del acto de escribir. Si bien hay que admitir que al mal llamado séptimo arte siempre le interesó lo que transmiten las palabras. Así, hay libros magníficos que han dado lugar a pobres adaptaciones cinematográficas y películas extraordinarias basadas en endebles originales literarios.

El escritor Rudyard Kipling se encontró un día con que el periódico que leía había publicado por error su epitafio. Como es lógico, escribió inmediatamente al editor pidiéndole que, ya que estaba muerto, no se olvidaran de borrarlo de la lista de suscriptores. Esta anécdota sirve de ejemplo a las interminables disputas entre autores y editores, como muy bien se demuestra en esta película del reputado director teatral británico Michael Grandage, gracias sobre todo a unos diálogos espléndidos, convertidos en la esencia más pura del espíritu humano.

Porque estamos ante una historia de amistad y respeto, donde dos hombres muy distintos entre sí acaban unidos por un 'feeling' común. En ese sentido, resulta obligado alabar como se merece la sobria interpretación de Colin Firth (un editor que nunca se quita el sombrero de la cabeza), escoltado por Laura Linney (Animales nocturnos, Tom Ford, 2016) y Nicole Kidman (El secreto de una obsesión, Billy Ray, 2015) con su proverbial elegancia. En cambio, Jude Law (un hombre con una miríada de tumores en el cerebro) me parece pasado de vueltas.

En cualquier caso, con El editor de libros estamos ante un filme recomendable, que induce a la lectura y a la cultura en general, de la que tan necesitados estamos. Al tiempo, nos susurra sin estridencias: No hay mejor navío que un libro para viajar a tierras lejanas.

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28-09-2017 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Palabra de ley

Si la obligación de un crítico de cine es hacer llegar al espectador la visión del trabajo de un cineasta desde un óptica diferente, la de un editor de libros es descubrir a los lectores la valía de creaciones literarias que se salgan de lo corriente. Por su parte, un filósofo como Platón creía que los diamantes eran espíritus vivos. Así que, de forma parecida, el protagonista de El editor de libros, Max Perkins, encarnado de forma sensible por el todoterreno Colin Firth (Bridget Jones' Baby, Sharon Maguire, 2016), transmite con tacto el secreto de describir las emociones más profundas que se producen en el siempre íntimo acto de escribir.

La película del realizador teatral británico Michael Grandage se apoya en los espléndidos diálogos del reputado guionista John Logan (Gladiator, Ridley Scott, 2000), al tiempo que una fotografía rica en tonos ocres ayuda sobremanera a degustar una película diferente. Conviene recordar que la lectura aporta a los seres humanos plenitud, el discurso seguridad y la escritura exactitud. Y por lo que respecta a su estilo visual, El editor de libros demuestra que con las imágenes, si se siguen con delectación y atención, se pueden pescar muchas perlas en el anchuroso océano de las palabras.

Como era de prever, el realizador se muestra respetuoso con los personajes y busca y rebusca hasta encontrar las imágenes capaces de sacar al público de la mostrenca realidad, al tiempo que le invita a viajar con él en menos de dos horas. He ahí el arte de contagiar la pasión por la lectura y por el cine, gracias a la feliz conjunción de una exquisita capacidad de filmar con un estilo sencillo y al mismo tiempo seductor. Ironía, melancolía (por los paraísos perdidos que, como señaló Borges, son los únicos paraísos que nos quedan) y una sanísima e higiénica distancia con los avatares de un zafio presente. Salte el espectador al filme sin paracaídas, porque para caerse, sugiere Grandage, ya están otros.



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