Frantz (2016)



Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, la joven Anna (Paula Beer) va cada día al cementerio a visitar la tumba de su novio Frantz (Anton von Lucke), quien desgraciadamente perdió la vida en combate. Un día descubre que un misterioso hombre francés también visita la tumba de su amado y siempre deja flores en el lugar. Al parecer este enigmático hombre es Adrien Rivoire (Pierre Niney), un amigo de Frantz, pero ¿de qué se conocían realmente? Pronto él comenzará a sentir gran atracción por Anna, pero ¿qué siente ella por este joven desconocido?

Valoración: 7,346.


FICHA


Título Original: Frantz.
Director: François Ozon.
Guionistas: François Ozon, Philippe Piazzo.
Reparto: Pierre Niney, Paula Beer, Cyrielle Clair, Ernst Stötzner, Marie Gruber, Johann von Bülow, Alice de Lencquesaing, Anton von Lucke, Ralf Dittrich.
Productores: Eric Altmayer, Nicolas Altmayer, Stefan Arndt, Uwe Schott.
Música: Philippe Rombi.
Fotografía: Pascal Marti.
Montaje: Laure Gardette.
Países Participantes: Francia, Alemania.
Año de Producción: 2016.
Duración: 113 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 7 años.
Género: Drama.
Estreno (España): 30 de diciembre de 2016.
DVD (Venta): 19 de abril de 2017.
Distribuidora (España): Golem Distribución.
Espectadores (España): 114.713.
Recaudación (España): 647.284,10 €.
Visitas: 0.
Popularidad: 60 / 75.


CRÍTICA


30-12-2016 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Los restos del naufragio

El discreto cineasta francés François Ozon (Una nueva amiga, 2014) nos ofrece con Frantz una historia de amor y muerte, enmarcada al poco de terminar la Primera Guerra Mundial. Filmada en color y blanco y negro, al estilo de Pleasantville (Gary Ross, 1998), el argumento describe las relaciones de un soldado francés con la prometida de un soldado alemán, muerto en el frente. Lo cual da paso a un melodrama histórico, realzado por las interpretaciones de Paula Beer y Pierre Niney (El hombre perfecto, Yann Gozlan, 2015), capaces con su serena presencia de comunicar al espectador toda una gama de sentimientos impregnados de una delicada nostalgia.

La personalidad y el temperamento visual del autor de 8 mujeres (2002), consigue momentos de considerable emoción, ribeteados de una cierta tristeza. Es como si el realizador quisiera trasladar algunos de los trágicos acontecimientos acaecidos en 1919 a la época actual, marcada a sangre y fuego por el fanatismo, la intolerancia y el odio a lo diferente. Pero, lo que hace que esta película produzca una impresión extraña y conmovedora es la combinación entre el cálido y fino cine francés que su máximo responsable lleva en las venas y el frío y contenido cine germano, que su director ha aprendido de clásicos nórdicos, incluido Carl Theodor Dreyer (Dies Irae, 1943).

Por otra parte, el filme de François Ozon nos hace sentir, casi físicamente, la fragilidad de los personajes, pero sin perder nunca su apariencia sosegada, su suave y cruel dulzura. Al mismo tiempo, tiene el mérito de poner en evidencia el peso de cada instante, de lo que hay de eternidad en cada momento de esas relaciones fugitivas. De ahí que Frantz puede relacionarse muy bien con la inscripción que figura en la lápida del memorial a William Blake, en la cripta de la catedral de San Pablo en Londres: «Ver el mundo en un grano de arena y el cielo en una flor salvaje, atrapa el infinito en la palma de tu mano y la eternidad en una hora».



25-08-2017 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Remordimiento

Las sobrias imágenes en blanco y negro y las delicadas tonalidades en color se funden de forma natural en Frantz: sutil melodrama filmado por el prolífico cineasta francés François Ozon, del que los buenos aficionados seguro que recuerdan títulos al estilo de 8 mujeres (2002) o Joven y bonita (2013). El argumento se sitúa al término de la Primera Guerra Mundial y describe los recuerdos que un joven francés recupera ante la tumba de un soldado alemán muerto en el campo de batalla. A partir de ahí, se desarrolla una trágica historia de pérdidas afectivas, en la que también participa la prometida del desaparecido.

De hecho, con Frantz estamos ante una versión puesta al día de la obra maestra realizada por Ernst Lubitsch en 1932, titulada Remordimiento. Por otra parte, las secretas emociones que poco a poco se van desvelando a lo largo del relato están descritas con notable precisión, al tiempo que se presta la debida atención a las motivaciones de los personajes, nimbados todos ellos de una suave tristeza. El problema de la identidad europea, hoy en día tan cuestionada, ocupa asimismo un lugar destacado en la puesta en escena de este digno melodrama de época, con resonancias actuales, realzado por la banda sonora del compositor Philippe Rombi.

No es de recibo ver esta inusual historia de amor a tres bandas como una simple reproducción de la cruda y dura realidad. ¿La razón? Sencillamente porque produce la impresión en el gran público de estar visionando un recuerdo soñado, en el sentido de que se puede matar al soñador, pero no al sueño. Lo cual da pie a una película ribeteada de una cierta melancolía y concebida desde el más absoluto clasicismo. Estructurada con eficacia, dialogada con ingenio, dirigida con fluidez e interpretada con elocuencia -sobre todo por lo que respecta a la actriz Paula Beer-, Frantz se convierte así en una película que abre mentes y enriquece el corazón.