El hombre de las mil caras (2016)

Fotograma: El hombre de las mil caras (2016)

Banquero, gigoló, traficante de armas, diplomático, estafador o espía, Francisco Paesa (Eduard Fernández) ha amasado una fortuna viviendo al margen del sistema. Pero un día, su gobierno le traiciona y le obliga a huir del país. A su regreso está arruinado, incapacitado para montar un negocio y con su pareja a punto de dejarle. La oferta de Luis Roldán (Carlos Santos), que necesita desviar 1.500 millones de dinero público, le servirá para ganar un millón de dólares y también para vengarse de los que le dejaron en la estacada. Película inspirada en una novela de Manuel Cerdán titulada 'Paesa, el espía de las mil caras'.

Valoración: 6,762.

Tráiler de la Película



Ficha

Título Original: El hombre de las mil caras.
Director: Alberto Rodríguez.
Guionistas: Rafael Cobos, Alberto Rodríguez.
Reparto: Marta Etura, José Coronado, Eduard Fernández, Carlos Santos, Pedro Casablanc, Luis Callejo, Santiago Molero, Emilio Gutiérrez Caba, Tomás del Estal, Israel Elejalde, Enric Benavent.
Productores: Antonio Asensio, José Antonio Félez, Mercedes Gamero, Gervasio Iglesias, Mikel Lejarza, Francisco Ramos.
Música: Julio de la Rosa.
Fotografía: Alex Catalán.
Montaje: José M. G. Moyano.
Nacionalidad: España.
Año de Producción: 2016.
Duración Original: 123 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 7 años.
Género: Thriller.
Estreno (España): 23 de septiembre de 2016.
DVD (Venta): 18 de enero de 2017.
Distribuidora (España): Warner Bros. Pictures España.
Visitas: 1.
Popularidad: 8 / 727.

Cartel: El hombre de las mil caras (2016)

Comentario

Tras la deslumbrante "La isla mínima", Alberto Rodríguez se vuelve a incursionar, a través del 'thriller', en la cara oscura de la historia española reciente. En este caso, a través del personaje de Francisco Paesa (Eduard Fernández, Concha de Plata en San Sebastián), ex agente secreto arruinado en plena crisis de los GAL que ve la ocasión de vengarse del Gobierno cuando Luis Roldán (Carlos Santos) le pide ayuda para hacerle desaparecer con dinero sustraído del erario público. (Anuario Fotogramas 2017: Manu Yáñez).

Fotograma: El hombre de las mil caras (2016)

Crítica

26-09-2016 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Círculo de engaños

Con "El hombre de las mil caras" estamos ante un totum revolutum, en el que intervienen un ex agente de los servicios secretos españoles, un fugitivo ex director de la Guardia Civil, espías oportunistas, infames traidores que intentan justificarse y toda una serie de sujetos dispuestos a medrar a cualquier precio. Reconocible detonante argumental para un tenso 'thriller' mediático, pero filmado sin entrar hasta sus últimas consecuencias en los secretos de estado aquí apuntados. Parece como si existiera una norma, según la cual se espera a que todo el mundo conozca dichos secretos, para descifrarlos, porque entonces es cuando son más oscuros.

Película interesante pero de limitado alcance, en la que su máximo responsable no logra desarrollar de forma precisa una trama de las enormes proporciones montadas por unos tremebundos caraduras. Uno tiene la impresión de que el máximo responsable de "La isla mínima" va a ir mucho más lejos y que, al final, no ha querido arriesgar porque el material sobre el que trabaja le quema las manos. Sabe que algo huele a podrido en nuestra sociedad, pero prefiere amagar que golpear a fondo en el meollo de la cuestión.

Un filme ambicioso sobre nuestro reciente pasado, que revierte en el presente, con la corrupción transversal, chaqueteros a porrillo, placebos virtuales y crisis a todos los niveles, que debería poner los pelos como escarpias. Es obvio que la película de Alberto Rodríguez debe verse, pero no penetra en el corazón de las tinieblas, no va directa a la yugular. Cuenta, eso sí, con una impecable interpretación de Eduard Fernández ("Lejos del mar"), que matiza hasta el arabesco las sórdidas maquinaciones de un hombre en la sombra. A mismo tiempo, muestra una inquietante ambigüedad a la hora de explicar que se debe negociar desde una posición de fuerza, porque la sensación de inferioridad es siempre una tentación para el adversario.

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