Sparrows (Gorriones) (2015)



Ari (Atli Oskar Fjalarsson) es un joven de 16 años que, tras el divorcio de sus padres, ha estado viviendo con su madre en Reikiavik. Sin embargo, su vida cambia cuando, repentinamente, se ve obligado a volver con su padre al lejano pueblo de Westfjords. Una vez allí, deberá sobrellevar la difícil relación que tiene con su progenitor, así como afrontar los muchos cambios que han experimentado sus antiguos amigos. Ante estas desesperadas y decadentes circunstancias, Ari deberá madurar y encontrar su propio camino.

Valoración: 6,481.


FICHA


Título Original: Þrestir.
Director: Rúnar Rúnarsson.
Guionista: Rúnar Rúnarsson.
Reparto: Rade Serbedzija, Ingvar Eggert Sigurðsson, Atli Oskar Fjalarsson, Kristbjörg Kjeld, Rakel Björk Björnsdóttir, Pálmi Gestsson, Nanna Kristín Magnúsdóttir.
Productores: Rexal Ford, Mikkel Jersin, Rúnar Rúnarsson.
Música: Kjartan Sveinsson.
Fotografía: Sophia Olsson.
Montaje: Jacob Secher Schulsinger.
Países Participantes: Islandia, Croacia, Dinamarca.
Año de Producción: 2015.
Duración: 99 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 16 años.
Género: Drama.
Estreno (España): 9 de septiembre de 2016.
DVD (Venta): 22 de febrero de 2017.
Distribuidora (España): Surtsey Films.
Espectadores (España): 17.970.
Recaudación (España): 98.142,59 €.
Páginas Vistas: 0.
Popularidad: 69 / 95.


COMENTARIO


Ganadora de la Concha de Oro del Festival de San Sebastián en 2015, la segunda película del cineasta islandés Rúnar Rúnarsson retrata el universo de la adolescencia desde una perspectiva nada complaciente. Cuando la madre de Ari (Atli Oskar Fjalarsson) decide irse a vivir con su nuevo marido a África, el joven se ve obligado a mudarse con su padre (Ingvar Eggert Sigurðsson). La conflictiva relación paterno-filial y el difícil encaje del chico en su grupo de amigos de la infancia marcará una compleja adolescencia. (Anuario Fotogramas 2017: Manu Yáñez).


CRÍTICA


17-09-2016 – JOSU EGUREN

En el fin del mundo

El estreno tardío pero finalmente consumado de la película islandesa Sparrows, de Rúnar Rúnarsson, aplaza dos minutos el comentario sobre la burbuja e influencia del circuito de festivales cuando poco ha faltado para que la gran vencedora del Festival de Cine de San Sebastián 2015 se perdiese en el limbo de las Conchas, las Palmas y los Osos de Oro, donde habitan películas invisibles como Schussangst (2003) de Dito Tsintsadze.

Sparrows pertenece a la última hornada de una cinematografía que ha tomado al asalto certámenes de medio mundo con películas como De caballos y hombres, de Benedikt Erlingsson (2013); Corazón gigante de Dagur Kári (2014), y Rams (El valle de los carneros), de Grímur Hákonarson (2015). Aunque aún es pronto para etiquetar de nueva ola a un puñado de películas que enfatizan los efectos que producen el paisaje desértico y la climatología islandesa sobre la psicología de sus personajes.

En el caso de Sparrows (segundo largometraje en la filmografía de Rúnarsson, que en 2011 estrenó Volcán), los fiordos son el escenario de contraste en los que un joven aislado de la comunidad de la que se despidió siendo niño tiene que construir puentes en relación con su padre, que le ve y le trata como un extraño. El choque brutal que sufre al despedirse del hogar materno en Reikiavik, para trasladarse a los confines de una región remota que castiga con su indiferencia al recién llegado, agrava una crisis en la que el espectador reconocerá uno de los temas centrales del cine contemporáneo: la gestión de la adolescencia.

Con el rigor ortopédico como pilar de una puesta en escena que se traduce en cortantes planos generales fotografiados a temperaturas bajo cero, Sparrows se queda muy lejos de transmitir la emoción reflexiva que, presumiblemente, oculta su hábito monacal.