Hedi, un viento de libertad (2016)

Cartel: Hedi, un viento de libertad (2016)
Hedi (Majd Mastoura) no busca conflictos, no habla mucho y tampoco tiene demasiado carácter o grandes ambiciones. Deja que su madre, autoritaria y avasalladora, le arregle un matrimonio; que su hermano mayor, que viene de Francia para la boda, le diga cómo actuar y que su jefe, la misma semana que va a casarse, le envíe a Mahdia. Precisamente allí conocerá a Rym (Rym Ben Messaoud), una mujer que atraerá a Hedi por su espíritu libre y con la que tendrá una aventura. Sin embargo, el enlace sigue su curso, y Hedi tendrá que elegir.

Valoración: 6,539.

TRÁILER DE LA PELÍCULA


FICHA

Título Original: Inhebek Hedi.
Director: Mohamed Ben Attia.
Guionista: Mohamed Ben Attia.
Reparto: Majd Mastoura, Rym Ben Messaoud, Sabah Bouzouita, Hakim Boumsaoudi, Omnia Ben Ghali, Arwa Ben Smail.
Productor: Dora Bouchoucha Fourati.
Música: Omar Aloulou.
Fotografía: Frédéric Noirhomme.
Montaje: Azza Chaabouni, Ghalia Lacroix, Hafedh Laridhi.
Nacionalidad: Túnez.
Año de Producción: 2016.
Duración: 93 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 7 años.
Género: Drama.
Estreno (España): 17 de febrero de 2017.
DVD (Venta): 21 de junio de 2017.
Distribuidora (España): Golem Distribución.
Espectadores (España): 10.650.
Recaudación (España): 58.929,85 €.
Visitas: 0.
Popularidad: 466 / 882.

Fotograma: Hedi, un viento de libertad (2016)

CRÍTICA

22-02-2017 – JOSU EGUREN

Elegir un amor

Obviemos la horrorosa y enfática apostilla en castellano al título original de la ópera prima de Mohamed Ben Attia (premiada en el Festival de Berlín) para centrarnos en su personaje principal, Hedi. Como en dos de los tres casos que retrataba "Bar Bahar", de Maysaloun Hamoud (2016), no es la religión sino la tradición y las viejas estructuras de poder lo que asfixia a un joven de 25 años que se ve atrapado en las redes de un futuro planificado en función de intereses que nada tienen que ver con los suyos.

Un trabajo que entierra su creatividad bajo la rutina alienante de la puerta fría, y la presión de una madre omnipresente y autoritaria que proyecta en él los deseos de modelar a un hijo perfecto a imagen y semejanza del primogénito que abandonó el hogar para huir a Francia y formar allí una familia paralela feliz, ejercen de pinza sobre el solitario Hedi, inerte en el deseo hasta que conoce accidentalmente a una temporera de los resorts para turistas occidentales que agonizan en Túnez tras la oleada de ataques terroristas como el que se saldó con 38 muertos en la ciudad de Susa (en junio de 2015).

Hedi es la viva imagen de un cruel desencanto que ya se palpa entre buena parte de los entusiastas del 15M, otro más de los miles de jóvenes enardecidos por los vientos de cambio de la primavera árabe que sufren el brutal choque entre la inyección de esperanza y un horizonte plano y sin perspectivas. El breve encuentro amoroso como refugio contra la realidad plantea nuevos interrogantes a medida que a Hedi se le agota el tiempo y tiene que hacer frente a compromisos inaplazables (el trabajo, su boda con Khedija), lo que se plasma en un estilo de cámara, de filiación dardenniana, que pone el énfasis en la diatriba psicológica estrechando un embudo cuya resolución llega en la forma de un interrogante suspendido.