La cura del bienestar (2016)



Lockhart (Dane DeHaan) es un prometedor broker de Wall Street que es enviado por su empresa a un balneario en los Alpes suizos. Allí tiene la misión de encontrar a Pembroke (Harry Groener), su jefe y paciente del exclusivo spa, y traerlo de vuelta a pesar de sus negativas. Cuando llegue al idílico lugar, y empiece a indagar en los secretos que esconde, a Lockhart le será diagnosticada la misma enfermedad que al resto de pacientes, quedando recluido como todos ellos para iniciar su tratamiento con una supuesta cura milagrosa.

Valoración: 6,238.



FICHA

Título Original: A Cure for Wellness.
Director: Gore Verbinski.
Guionista: Justin Haythe.
Reparto: Jason Isaacs, Dane DeHaan, Mia Goth, Susanne Wuest, Celia Imrie, Lisa Banes, Adrian Schiller, Ivo Nandi, Carl Lumbly, Harry Groener, Jason Babinsky, Peter Benedict.
Productores: David Crockett, Arnon Milchan, Gore Verbinski.
Música: Benjamin Wallfisch.
Fotografía: Bojan Bazelli.
Montaje: Pete Beaudreau, Lance Pereira.
Países Participantes: Estados Unidos, Alemania.
Año de Producción: 2016.
Duración: 146 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 16 años.
Género: Suspense, Terror.
Estreno (España): 24 de marzo de 2017.
DVD (Venta): 26 de julio de 2017.
Distribuidora (España): 20th Century FOX España.
Espectadores (España): 32.345.
Recaudación (España): 197.268,62 €.



CRÍTICA

29-03-2017 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Con el agua al cuello

Con La cura del bienestar estamos ante un 'thriller' con ribetes de cine de terror, firmado por Gore Verbinski, máximo responsable de la exitosa franquicia Piratas del Caribe. Un director que en esta ocasión da un giro de 180 grados en su carrera, para ofrecernos una nueva vuelta de tuerca al tema tratado en El abominable doctor Phibes (Robert Fuest, 1971), relacionado con siniestros experimentos médicos en un entorno idílico. Un ambicioso ejecutivo de Nueva York es enviado por sus corruptos jefes a un lujoso balneario de los Alpes suizos con una extraña misión.

Detonante argumental que sigue la línea del cineasta polaco Wojciech Has en su obra maestra El sanatorio de Clepsidra (1973), con una diferencia fundamental: que en La cura del bienestar el agua desempeña un papel de capital importancia. Y no precisamente para bien, puesto que hablamos de agua tóxica. Tengamos en cuenta que el agua constituye el 66% de nuestro cuerpo y en órganos tan vitales como el cerebro llega al 75%. A partir de ahí, el filme nos presenta a un obsesivo Dr. Volmer, al estilo de los inquietantes Dr. Caligari o Dr. Mabuse, salvando las distancias.

Lástima que la trama deje tantas incógnitas sin resolver y que el retrato del Dr. Volmer -con cara de ahogado y ojos de loco acorralado- deje tantos cabos sueltos, porque La cura del bienestar es un filme maravillosamente rodado, primorosamente ambientado y bien interpretado por el joven Dane DeHaan (Life, Anton Corbijn, 2015). Se trata, en suma, de la descripción de un mundo que parecía sepultado en las recámaras de la conciencia y que de pronto se ofrece a la luz como un cadáver momificado, en el que horrorizados sorprendemos nuestro propios rasgos. Así, el realizador consigue por momentos alumbrar los pasadizos más abismales de la conciencia humana, mediante imágenes que tienen la belleza de un espectral cuento gótico.



16-08-2017 – JOSU EGUREN

El elixir de la locura

Hay películas que deberían llevar una frase grabada en el lomo a modo de advertencia: «dirigida por un cinéfilo». No tengo decidido si para bien o para mal pero Gore Verbinski (El llanero solitario, 2013) es un director profundamente conocedor de las enfermedades crónicas que aquejan tanto a la cinefilia como al lenguaje audiovisual contemporáneo, y si bien es capaz de diseminar referencias tan gratificantes como las que trufan Rango (2011), en esta ocasión ha elegido vomitarlas en la forma de una desbordante riada metatextual.

El exceso de apuntes explícitos con los que opera del hacedor de Piratas del Caribe juega en contra del espectador que trate de aventurar una reinterpretación particular a partir de los signos originales: son visibles incluso para los profanos en un lenguaje que invoca la espectacularidad para después negarla en un frustrante ejercicio de suspense psicológico más atado a una construcción literaria de lo que sugiere la hipnótica geometría de sus planos; y están insertos tal cual, a modo de extremidades cosidas al torso de un relato protagonizado por un joven ejecutivo de Nueva York, adicto al trabajo, que viaja hasta un sanatorio en los Alpes suizos para traer de vuelta a uno de los socios mayoritarios de la firma financiera para la que trabaja.

Pese al ingenio que se respira en la construcción de una impresionante galería de secuencias, en absoluto morosas, Verbinski fracasa en todo lo relacionado con la manipulación del tiempo a través del montaje: el reloj se mueve pero la película nunca avanza más allá de lo que sugiere un prólogo que abre la puerta a una lectura de 'La montaña mágica' en clave neogótica donde se cuestionan las causas y efectos de la enfermedad neoliberal. El desenlace funciona como diagnóstico de un cuento de terror que aspira a trascender los límites del encuadre para terminar consumido por el fuego abrasador de las poéticas imágenes de La caída de la casa Usher (1928), de Jean Epstein.