Lady Macbeth (2016)

Fotograma: Lady Macbeth (2016)

En la Inglaterra rural de 1865 vive Katherine (Florence Pugh), una joven mujer cuya existencia está marcada por su infeliz matrimonio con un hombre amargado al que no quiere y que le dobla la edad. Además, debe lidiar con su familia, llena de personas frías y despiadadas. Todo cambia cuando se embarca en una apasionada relación extraconyugal con uno de los jóvenes trabajadores de la finca de su marido, lo que desatará una serie de emociones tan poderosas que nada podrá detenerla para conseguir lo que más desea.

Valoración: 6,676.

Fotograma: Lady Macbeth (2016)

FICHA

Título Original: Lady Macbeth.
Director: William Oldroyd.
Guionista: Alice Birch.
Reparto: Florence Pugh, Christopher Fairbank, Cosmo Jarvis, Paul Hilton, Naomi Ackie, Christopher Fairbank, Bill Fellows, Golda Rosheuvel, Ian Conningham, Rebecca Manley.
Productor: Fodhla Cronin O'Reilly.
Música: Dan Jones.
Fotografía: Ari Wegner.
Montaje: Nick Emerson.
País Participante: Reino Unido.
Año de Producción: 2016.
Duración: 89 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 16 años.
Género: Drama, Romántica.
Estreno (España): 28 de abril de 2017.
DVD (Venta): 19 de septiembre de 2017.
Distribuidora (España): BTEAM Pictures.
Espectadores (España): 111.024.
Recaudación (España): 612.962,09 €.
Visitas: 0.
Popularidad: 96 / 134.

Fotograma: Lady Macbeth (2016)

CRÍTICA

29-04-2017 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

El peso de la culpa

Impresionante 'ópera prima' del joven director teatral británico William Oldroyd, con una ambiciosa película de época, cuya trama se enmarca en los agrestes parajes de Northumberland, allá por el siglo XIX. La protagoniza una muchacha frustrada por un matrimonio infeliz, a la que da vida con enorme convicción la actriz de 19 años Florence Pugh. Bien secundada por un reparto de perfectos desconocidos, pero muy convincentes en sus respectivos papeles. Y, a pesar de su ajustado presupuesto, los evidentes logros de la película guardan semejanzas con la versión que realizó Andrea Arnold en 2011 de Cumbres borrascosas.

Rasposa, pero también elegante, cruel y sensible al tiempo, Lady Macbeth es una sutil parábola amoral, llena de ruido y de furia, que incluye asumidos anacronismos y no pocos aspectos románticos, así como sorprendentes ribetes contemporáneos, en los que tampoco falta la vertiente patriarcal y el airado discurso feminista. Porque con Lady Macbeth estamos ante una película gobernada por una atmósfera iracunda, que se ve con el juicio suspendido, la atención al acecho y su resolución deja anonadado a ese dragón veleidoso que es el gran público.

Llama poderosamente la atención la maldad de esta damisela de apariencia encantadora, sin apenas maquillaje y de una voz suave, acariciadora, pero que de alguna manera deja entrever el perverso rostro de Medusa. Todo lo cual deja al espectador cavilante ante la tragedia de unos seres desquiciados a quienes la vida ha impedido ser felices. Hay filmes con una intensidad y una fuerza que hieren tanto como seducen, que perturban a la vez que fascinan. Éste es uno de esos filmes, ya que describe con nervio el peso de la culpa, hasta el punto de que podría servir para componer la letra de una canción de muerte y esperanza, de fatalidad y de amor. De un amor convertido en demonio, maravilloso y terrible al mismo tiempo.

Fotograma: Lady Macbeth (2016)

08-09-2017 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

La esposa comprada

No es habitual que una primera película sea tan potente como Lady Macbeth, firmada por el joven director teatral británico William Oldroyd, enmarcada en la Inglaterra rural de 1865. Describe la terrible venganza perpetrada por Katherine, una muchacha de 17 años, esposa de un siniestro terrateniente, dispuesta a todo con tal de lograr sus fines. Influida en buena medida por el personaje shakesperiano a que hace alusión el título, el filme de Oldroyd está realzado por su austera escenografía, así como por la intensa interpretación de que hace gala la recién llegada Florence Pugh.

Ambientada en claustrofóbicos interiores, con alguna breve escapada a desolados paisajes exteriores, dignos de la inmensa 'Cumbres borrascosas' de Emily Brontë, Lady Macbeth es un cruel cuento para adultos, protagonizado por un feroz ser humano, que nos remite de alguna manera a este monólogo de Macbeth tras la muerte de su esposa: «La vida es una sombra tan solo, que transcurre; un pobre actor que orgulloso, consume su turno sobre el escenario para jamás volver a ser oído. Es una historia contada por un necio, llena de ruido y de furia, que nada significa».

Premisa argumental de raigambre clásica, pero con connotaciones actuales, que da pie a un filme duro, sin concesiones a ninguna facilidad, descarnado y crepuscular, que toca en el centro de un doble sentimiento: el de la impotencia ante el crimen y la venganza, cruzado por el dolor de las ilusiones perdidas. Decidirse a ver ahora gracias a su oportuno reestreno en DVD y Blu-ray un título tan a contracorriente como Lady Macbeth, es como escuchar que alguien llama a nuestra puerta en la noche de Halloween y, cuando la abrimos, descubrimos que no hay nadie fuera porque ya está dentro. Y no va a irse hasta que escuchemos todo lo que tiene que decirnos, por muy espantoso que sea.

Fotograma: Lady Macbeth (2016)

21-09-2017 – JOSU EGUREN

La flor del mal

A pesar de que el maestro Andrzej Wajda adaptó con anterioridad la Lady Macbeth de Mtsensk, de Nikolaj Leskov, no es aventurado afirmar que en la versión del británico William Oldroyd alcanza su forma más rotunda y definitiva. El personaje central, que en el texto del escritor ruso batía todos los límites de la moralidad en un ejercicio de evocación y provocación respecto a su referente dramatúrgico, es la simiente de una maldad regada por el maltrato y las vejaciones a las que se ve sometida una joven atrapada en un matrimonio forzoso con un hombre que le dobla la edad.

Los antecedentes de Oldroyd y el contexto en el que se enmarca una historia rodada casi íntegramente en los interiores de un caserón de la Inglaterra rural son dos argumentos prejuiciosos que quedan disueltos desde que el primer fundido a negro se disipa. Oldroyd, que toma todo lo mejor de su formación teatral (a efectos críticos es llamativo que entre sus montajes figure 'Espectros', de Henrik Ibsen), bordea la perfección con una coreografía de piezas sobre el tablero escénico filmada en tomas generales que se alternan con explosivos movimientos de cámara.

Su dominio del blocking y la ruptura consciente y efectiva respecto a la tentadora estética de la simetría que se intuye en el bosquejo de las primeras escenas de esta ópera prima hablan de un director que abraza el formalismo como medio para moldear el retrato de un personaje blindado frente a las rudimentarias herramientas del psicoanálisis. El porqué de esos actos no puede resumirse con alusiones a la ley del deseo o en una expresión de sangrienta rabia feminista, es mucho más profundo, porque ataca tanto a las estructuras sociales que las encorsetan como a la moral del espectador que sucumba ante la ambigüedad a la que nos arrastra una fascinante Florence Pugh.



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