Nagasaki: Recuerdos de mi hijo (2015)


Han pasado pocos años del final de la Segunda Guerra Mundial, y Japón entero todavía se recupera de sus profundas heridas. Allí vive Nobuko (Sayuri Yoshinaga), una mujer de mediana edad que intenta seguir adelante mientras visita con regularidad la tumba de su hijo, muerto como muchos otros en el bombardeo nuclear de Nagasaki. Pero un día, al volver del cementerio, se encuentra en su casa con Koji (Kazunari Ninomiya), su hijo, esperándola. Como si de un milagro se tratara, Koji la visitará a menudo para recordar tiempos pasados.

Valoración: 6,202.


FICHA

Título Original: Haha to kuraseba.
Director: Yôji Yamada.
Guionistas: Yôji Yamada, Emiko Hiramatsu.
Reparto: Kazunari Ninomiya, Haru Kuroki, Sayuri Yoshinaga, Tadanobu Asano, Isao Hashizume, Yuriko Hiro'oka, Christopher McCombs, Miyu Honda, Nenji Kobayashi.
Productor: Nozomi Enoki.
Música: Ryuichi Sakamoto.
Fotografía: Masashi Chikamori.
Montaje: Iwao Ishii.
País Participante: Japón.
Año de Producción: 2015.
Duración: 130 minutos.
Calificación por Edades: Apta para todos los públicos.
Género: Drama.
Estreno (España): 26 de mayo de 2017.
DVD (Venta): 19 de julio de 2017.
Distribuidora (España): Mediatres Estudio.
Espectadores (España): 1.039.
Recaudación (España): 6.138,20 €.


COMENTARIO

Próxima al realismo mágico, así como a un surrealismo poético, la nueva película del veterano Yôji Yamada plantea una variante del cine de fantasmas nipón a través de la historia de nobuko (Sayuri Yoshinaga), una mujer fuerte que trabaja como partera tras haber perdido a su hijo Koji, tres años atrás, a manos de la bomba atómica de 1945. Extrañamente, el fantasma del hijo la sigue visitando cada día, haciéndola recordar momentos agradables del pasado. (Anuario Fotogramas 2018: Manu Yáñez Murillo).


CRÍTICA

07-06-2017 – JOSU EGUREN

La herida colectiva

En 1998 Shôhei Imamura dirigió "Doctor Akagi", un maravilloso drama antibelicista que culmina con una estremecedora llamarada en el horizonte de la prefectura de Nagasaki. Una sola imagen bastaba para sintetizar el horror que el propio Imamura trató de desentrañar en "Lluvia negra" (1989) partiendo de una novela de Masuji Ibuse, certificando así la profundidad de una herida que sigue latente en la conciencia colectiva de todo un país.

Entre las infinitas formas que el cine japonés a dispuesto para lidiar con la tragedia post atómica, el octogenario Yôji Yamada ("Una familia de Tokio", 2013) elige la formulación de un drama teñido de elementos fantásticos que se centra en el diálogo entre una viuda y el fantasma de su único hijo. Yamada hace énfasis en el mensaje de que la aceptación es el primer paso de un doloroso proceso regenerativo que se irá gestando a lo largo de sucesivos encuentros con un espíritu que se hace presente para mediatizar la existencia de una mujer que honra su memoria tres años después de su desaparición. La actitud del fantasma, atrapado por los caprichos de la edad juvenil, contrasta con la abnegación de una madre que nos pone en contacto con las penurias que sufrió la sociedad japonesa durante el período de Ocupación, aunque Yamada se aleja de las pinceladas costumbristas de "La casa del tejado rojo" (2014) para anudar los hilos de un tapiz dramático excesivamente repetitivo.

En el montaje conviven flashbacks, exteriores y breves escenas de corte onírico pero lo que centra la narración son las conversaciones materno-filiales en un único espacio, lo que subraya negativamente la enorme distancia que separa a Yamada de su admirado Yasujirô Ozu (el revisionado de "Primavera tardía", producida en 1949, es una de las claves para entender los defectos de "Nagasaki"). La banda compuesta por Ryuichi Sakamoto acaricia el relato, pero no lo suficiente como para aliviar su agonía.