Reparar a los vivos (2016)



Todo comienza de madrugada en un mar tempestuoso con tres jóvenes surfistas. Unas horas más tarde, en el camino de vuelta sufren un accidente. En el hospital Havre, la vida de Simón (Gabin Verdet) pende de un hilo. Mientras tanto, en París, una mujer espera un trasplante providencial que le pueda prolongar su vida. Thomas Remige (Tahar Rahim), un especialista en trasplantes, debe convencer a unos padres en estado de shock de que ese corazón podría seguir viviendo en otro cuerpo. Y salvar, tal vez, una vida.

Valoración: 6,420.


FICHA


Título Original: Réparer les vivants.
Directora: Katell Quillévéré.
Guionistas: Katell Quillévéré, Gilles Taurand.
Reparto: Emmanuelle Seigner, Tahar Rahim, Bouli Lanners, Anne Dorval, Alice Taglioni, Kool Shen, Monia Chokri, Karim Leklou, Finnegan Oldfield, Alice de Lencquesaing, Gabin Verdet.
Productores: Philippe Martin, Justin Taurand, David Thion.
Música: Alexandre Desplat.
Fotografía: Tom Harari.
Montaje: Thomas Marchand.
Países Participantes: Francia, Bélgica.
Año de Producción: 2016.
Duración: 103 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 12 años.
Género: Drama.
Estreno (España): 4 de agosto de 2017.
DVD (Venta): 20 de diciembre de 2017.
Distribuidora (España): Caramel Films.
Espectadores (España): 5.934.
Recaudación (España): 35.136,67 €.
Visitas: 0.
Popularidad: 54 / 122.


COMENTARIO


Esta película que convierte el corazón (el órgano central, no la metáfora) en el absoluto protagonista de la función lleva al espectador desde el Havre hasta París, desde un hospital en el que la vida de un joven surfista (Gabin Verdet) pende de un hilo hasta el lugar en el que una mujer (Anne Dorval) espera un transplante providencial. El doctor Thomas Remige (Tahar Rahim) debe convencer a unos padres en el estado de shock de que ese corazón podría seguir viviendo en otro cuerpo. (Anuario Fotogramas 2018: Manu Yáñez).


CRÍTICA


06-08-2017 – JOSU EGUREN

En un mismo latido

Quien más quien menos ha sido alguna vez espectador del gastado modelo de secuencia dramática en el que una vida que se apaga lentamente da paso al nacimiento de un niño que lleva aparejado el consiguiente mensaje de ilusión y esperanza. De una de sus reformulaciones más lúcidas y perversas nació la magistral escena de la niña y el globo que centraba la atención en el fuera de campo de M, el vampiro de Düsseldorf (1931), de Fritz Lang, pero por lo general se sigue repitiendo atada a una fórmula invariable de la que se hace deudora la cineasta francesa Katell Quillévéré con motivo de la adaptación de una novela firmada por Maylis De Kerangal.

Reparar a los vivos es producto de la dilución de un potente clímax lacrimógeno en tres actos machihembrados por un amago de narratividad poética exaltado por la omnipresente banda sonora de Alexandre Desplat. La muerte cerebral de un joven surfista postrado a consecuencia de un accidente de carretera abre la espita para que Quillévéré intervenga el lagrimal del espectador con un aparataje quirúrgico que bajo la suavidad de sus formas oculta una técnica rudimentaria.

Los padres de Simon tienen que decidir si los órganos del chico seguirán latiendo una vez que se le interrumpa la respiración mecánica dando así una nueva oportunidad a alguno de los miles de pacientes que aguardan su turno en una lista de espera anónima. Así se cierra en falso un capítulo encabalgado con el relato protagonizado por una mujer a la que le han asignado un trasplante de corazón. Sólo se hecha en falta una ráfaga de rótulos explicativos a modo de campaña de concienciación pública y explícita que den un sentido a personajes tan planos como el de Tahar Rahim (Perder la razón, Joachim Lafosse, 2012), pero Quillévéré finta la posibilidad citando el E.T. de Spielberg en lo que puede interpretarse con el anhelo posibilista de una directora que aspira a desentrañar una mecánica finalmente indescifrable.