Atómica. Atomic Blonde (2017)

Atómica. Atomic Blonde (2017)

Lorraine Broughton (Charlize Theron) es la joya de la corona de los servicios de inteligencia británicos. A sus grandes dotes para el espionaje se unen una sensualidad y garra fuera de lo común, que serán puestas a prueba en una peligrosa misión en Berlín, una ciudad a punto de explotar y donde la traición está a la orden del día. Para conseguir un valioso informe, que ya se ha cobrado la vida de un compañero, formará equipo con el jefe de estación, todo un experto en sobrevivir en este mortífero juego de espías.

Valoración: 6,353.

Atómica. Atomic Blonde (2017)

FICHA

Título original: Atomic Blonde.
Director: David Leitch.
Guionista: Kurt Johnstad.
Reparto: John Goodman, Charlize Theron, James McAvoy, Sofia Boutella, Toby Jones, Eddie Marsan, Bill Skarsgård, Til Schweiger, James Faulkner, Barbara Sukowa, Roland Møller.
Productores: A.J. Dix, Eric Gitter, Beth Kono, Kelly McCormick, Peter Schwerin, Charlize Theron.
Música: Tyler Bates.
Fotografía: Jonathan Sela.
Montaje: Elísabet Ronaldsdóttir.
País participante: Estados Unidos.
Año de producción: 2017.
Duración: 115 minutos.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.
Género: Acción, Suspense.
Estreno (España): 4 de agosto de 2017.
Blu-ray (Venta): 23 de marzo de 2018.
Distribuidora (España): DeAPlaneta.
Espectadores (España): 308.785.
Recaudación (España): 1.794.597,54 €.
Visitas: 8.
Popularidad: 11 / 78.

Atómica. Atomic Blonde (2017)

COMENTARIO

Año 1989, el Muro de Berlín está a punto de caer. Un agente del MI6 encubierto aparece muerto y la aguerrida espía Lorraine Broughton (Charlize Theron) debe encontrar por todos los medios una lista en la que figuran los nombres de todos los agentes secretos que trabajan en Berlín oriental. Para evitar que esto ocurra, Lorraine deberá formar equipo con el jefe de la sección de la capital alemana, David Percival (James McAvoy). (Anuario Fotogramas 2018: Manu Yáñez).

Atómica. Atomic Blonde (2017)

CRÍTICA

09-08-2017 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Una rubia radioactiva

«Es un doble placer engañar a quien te engaña», esta cita de Nicolás Maquiavelo, que se repite varias veces a lo largo de Atómica, sirve para ilustrar por dónde van los tiros de esta efectista película de acción, ambientada en tiempos de la caída del Muro de Berlín. Lorraine Broughton, una agente bisexual del MI6 (Servicio de Inteligencia Inglés), recibe la misión de proteger a un desertor de la Stasi (Ministerio para la Seguridad del Estado de Alemania del Este). Lo cual da pie a una enrevesada trama, salvada 'in extremis' por Charlize Theron (Fast and Furious 8, F. Gary Gray, 2017), convertida en una rubia radioactiva de mucho cuidado.

Gracias a los más avanzados inventos infográficos y de todo tipo se están alcanzando unos grados de realismo que llaman poderosamente la atención. Sin embargo, toda esta sofisticada parafernalia puramente mecánica está aquí al servicio de la nada más absoluta. Desde luego, un cine ganado sólo para la técnica está perdido para la emoción. Con una particularidad, además: antes no se construían las películas al servicio de los efectos especiales, sino que éstos eran una simple herramienta para solucionar algunos aspectos concretos de determinado argumento.

Una vez más los responsables de este producto demuestran su desprecio por el cine clásico, puesto que estamos ante una cinta trufada de ultra violentas peleas, con mención especial a la que tiene lugar en unas lóbregas escaleras, filmada en un impactante plano-secuencia. Pero, el gran tema que esquiva Atómica, un rebrote de la Guerra Fría, va desintegrándose de forma paulatina en beneficio de la acción pura y dura. Un cesto de abono es bello si está bien apropiado a su fin, del mismo modo que una tiara dorada es fea si no es apropiada al suyo. La rocambolesca intriga no hace otra cosa que sumergir al espectador en una resaca de situaciones inverosímiles, que acaban por ahogarlo.

Atómica. Atomic Blonde (2017)

14-12-2017 – JOSU EGUREN

La espía que surgió del frío

Tras desgajarse de Chad Stahelski -su media naranja en el rodaje de John Wick. Otro día para matar (2014)-, David Leitch emprende una carrera en solitario que en su primera etapa tiene como meta reconvertir a Charlize Theron (The Last Face, Sean Penn, 2016) en heroína de acción surgida del frío. La excusa la ponen Antony Johnston y Sam Hart, de quienes el guionista Kurt Johnstad toma prestada la adaptación de la novela gráfica 'The Coldest Citiy', aunque el interés del texto pasa a segundo plano cuando entra en juego la cámara para insistir en la iconicidad de un personaje que se construye alrededor de sus atributos estéticos -algo que ocurre cada 20 o 30 segundos-.

El teatro de operaciones de Atómica es el Berlín apocalíptico de finales de los 90, un año antes de la caída del muro, un escenario fotografiado en tonos gélidos y azulados por el que corren en paralelo los hombres de C.I.P.O.L. de Guy Ritchie, y se superponen tramas de espionaje descartadas de las bibliografías de John Le Carré y Graham Greene. Con la ambigüedad moral de la fauna que rodea a la agente Lorraine Broughton reducida a una línea, Leitch explora las inclinaciones sáficas de la protagonista desde el fetichismo, dando a entender que este rasgo, en su vertiente erótica, es lo que la justifica.

La construcción integral del personaje, que podría haber matizado mejor su invulnerabilidad a partir de un primer juego de desnudos parciales en los que la actriz sudafricana se ofrece a la cámara en carne viva, vira hacia un terreno en el que se define por su habilidad para neutralizar enemigos en 'set pieces' brillantemente planificadas que dejan en evidencia las limitaciones de Theron para asimilar el 'timing' de unas coreografías que le exigen al máximo. A pesar de todo, es en esta faceta donde despega una película que se recrea en una madeja de confusión argumental de la que no encuentra una salida por la vía narrativa.

Atómica. Atomic Blonde (2017)

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