Ana, mon amour (2017)



Ana (Diana Cavallioti) y Toma (Mircea Postelnicu) se conocen en la universidad, se enamoran y se casan. Ana tiene un pasado muy complicado y padece graves ataques de pánico, mientras que Toma cuida de ella y parece estar al mando de la situación, pero, en realidad, únicamente está gravitando en torno a una mujer a la que no puede comprender. Cuando Ana triunfa al refrenar sus miedos, Toma permanece aislado e intenta comprender el torbellino que ha sido su vida con ella en un entorno de represión del régimen comunista en Rumanía.

Valoración: 6,361.


FICHA


Título Original: Ana, mon amour.
Director: Cãlin Peter Netzer.
Guionistas: Cãlin Peter Netzer, Cezar Paul Bădescu, Iulia Lumânare.
Reparto: Vasile Muraru, Adrian Titieni, Mircea Postelnicu, Diana Cavallioti, Carmen Tanase, Tania Popa, Vlad Ivanov, Igor Caras-Romanov, Ioana Flora, Razvan Vasilescu, Ionut Caras.
Productores: Oana Iancu, Cãlin Peter Netzer.
Música:
Fotografía: Andrei Butica.
Montaje: Dana Bunescu.
Países Participantes: Rumanía, Alemania, Francia.
Año de Producción: 2017.
Duración: 127 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 16 años.
Género: Drama, Romántica.
Estreno (España): 25 de agosto de 2017.
DVD (Venta): 20 de diciembre de 2017.
Distribuidora (España): Golem Distribución.
Espectadores (España): 17.394.
Recaudación (España): 94.170,98 €.
Visitas: 0.
Popularidad: 19 / 82.


CRÍTICA


28-08-2017 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Matrimonio tóxico

En plenas vacaciones veraniegas, resulta particularmente difícil valorar un filme tan a contracorriente como Ana, mon amour, sobre todo si tenemos en cuenta que procede de un país como Rumanía, aunque está coproducido con Francia y Alemania. Su protagonista es un joven matrimonio, aislado en su conflictiva relación sentimental, desde el preciso momento en que ella queda embarazada. Los ataques de ansiedad que rodean la trama confieren un tono enfermizo a la película de Cãlin Peter Netzer, autor de Madre e hijo (2013), donde el fracaso de una pareja provocaba que una madre se obsesionara con su hijo.

El tremendo pasado político, cultural y social de un país tan sufrido como Rumanía también está presente en su desarrollo argumental, donde la política, la corrupción y las influencias -los enchufes, vaya- ocupan asimismo un lugar significativo en las acciones y reacciones de los personajes, encarnados por actores de notable sobriedad y muy identificados con sus respectivos papeles. Lo cual da paso a una película psicológica de indiscutible interés, enmarcada en la Europa del confuso Brexit, o del Eurorubbish, como prefieran, abocada según todos los indicios a un destino incierto.

Las reflexiones intelectuales también se desgranan con frecuencia a lo largo y ancho de Ana, mon amour, en mayor medida que la vertiente emocional y sexual relacionada con los comportamientos del turbio matrimonio protagonista, que hace de la pasión inicial una convivencia rabiosamente tóxica. Filmada cámara al hombro, sin ambiciones estéticas especialmente reseñables, el resultado final es una amarga expedición al lado oscuro y doloroso de la condición humana, que logra despertar la sensibilidad del espectador, respetando su inteligencia, al tiempo que sabe extraer la exigible belleza del horror, con ambición e ironía, en un considerable desafío cinematográfico.