Verónica (2017)



En los primeros compases de los años 90, una joven madrileña empieza a desarrollar un poderoso interés por el mundo del ocultismo. Esto la lleva a hacer, junto a unas amigas, una ouija para comunicarse directamente con los muertos. Sin embargo, algo durante el desarrollo del ritual sale mal, y una serie de fuerzas malignas empiezan a apoderarse del cuerpo de la muchacha. Pero la cosa no queda ahí, y las presencias sobrenaturales comienzan a amenazar también con hacer daño a toda su familia.

Valoración: 6,238.


FICHA


Título Original: Verónica.
Director: Paco Plaza.
Guionistas: Fernando Navarro, Paco Plaza.
Reparto: Sandra Escacena, Sonia Almarcha, Leticia Dolera, Ana Torrent, Bruna González, Claudia Placer, Iván Chavero, Consuelo Trujillo, Maru Valdivieso, Carla Campra.
Productor: Enrique López Lavigne.
Música: Eugenio Mira (Chucky Namanera).
Fotografía: Pablo Rosso.
Montaje: Martí Roca.
País Participante: España.
Año de Producción: 2017.
Duración: 105 minutos.
Calificación por Edades: No recomendada para menores de 16 años.
Género: Terror, Suspense.
Estreno (España): 25 de agosto de 2017.
DVD (Venta): 20 de diciembre de 2017.
Distribuidora (España): Sony Pictures España.
Espectadores (España): 609.461.
Recaudación (España): 3.499.674,40 €.
Visitas: 0.
Popularidad: 19 / 85.


CRÍTICA


29-08-2017 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

El grito acusador

Con Verónica el cine español se apunta a la moda del subgénero de terror para adolescentes, con una intriga basada en hechos reales, ambientada en el Madrid de los años 90, conocido como el Caso Vallecas. Una muchacha poseída por espíritus malignos, propiciada por su participación en el juego de la ouija, es el detonante de la trama. Hasta aquí, no es muy original su punto de partida, al que resulta obligado añadir toda una serie de posesiones demoníacas y fenómenos paranormales, recursos utilizados hasta la saciedad en este tipo de embrollos.

Así pues, una especie de tablero maldito es el causante de toda la peripecia, al tiempo que su máximo responsable pone el acento en el retrato de la adolescente protagonista, a la que da vida de forma intensa Sandra Escacena, una actriz con futuro, que además grita muy bien. No era tarea fácil resultar convincente con un personaje de estas características, incluida su mixtura de inocencia y perversidad. Sobre todo a la hora de plasmar las primeras emociones de la chica, sus primeros miedos y vacilaciones e incluso su primera menstruación. Momentos críticos de los verdes años, donde el miedo a crecer y a los otros marcan la pauta.

Bien nutrida de canciones de la época, seleccionadas con tino, la película incide de forma precisa en lo que podríamos llamar el factor humano de la historia, con la niñez y la adolescencia como ejes sobre los que pivota toda la trama. En ese sentido, podemos afirmar que nadie es más introvertido, huraño o resentido que una adolescente decepcionada. De ahí que la desventurada Verónica parece incapaz de asumir que el miedo es el padre de la crueldad. Asimismo, la vertiente religiosa cobra singular importancia en los dimes y diretes que rodean las andanzas de su protagonista. Al igual que el fanatismo: tengamos en cuenta que del fanatismo a la barbarie solo media un paso.