Converso (2017)

Fotograma: Converso (2017)

En este documental, el director es testigo de cómo sus hermanas se convierten de repente al catolicismo, lo que le lleva a indagar en ese proceso de transformación personal y, con el órgano de una iglesia como testigo, ahondar en conceptos como la familia, la armonía o la fe. De este modo, el realizador se sienta en una silla ante ellas para conversar en un improvisado confesionario en el que surge un interrogante: si el Espíritu Santo entra en tu casa, ¿es posible hacer una película sobre él?

Valoración: 6,921.

Fotograma: Converso (2017)

FICHA

Título Original: Converso.
Director: David Arratibel.
Guionista: David Arratibel.
Reparto: No hay actores (Documental).
Productor: Iñaki Sagastume.
Música: Raúl del Toro.
Fotografía: David Aguilar Iñigo.
Montaje: David Aguilar Iñigo, Pello Gutiérrez.
País Participante: España.
Año de Producción: 2017.
Duración: 61 minutos.
Calificación por Edades: Apta para todos los públicos.
Género: Documental.
Estreno (España): 29 de septiembre de 2017.
DVD (Venta): 24 de abril de 2018.
Distribuidora (España): Márgenes Distribución.
Espectadores (España): 14.028.
Recaudación (España): 89.970,28 €.
Visitas: 0.
Popularidad: 34 / 164.

Fotograma: Converso (2017)

CRÍTICA

04-10-2017 – ANTON MERIKAETXEBARRIA

Fe en equipo

La conversión de una familia al catolicismo es lo que describe de forma objetiva este documental de valía, firmado por el cineasta navarro David Arratibel (Oírse, 2013), que incluye una conversión en cadena. Algunos psicólogos aseguran que si alguien quiere entender a los seres humanos, no hay que prestar atención al modo en que hablan, se callan o lloran; ni siquiera cuando se muestran conmovidos por las grandes ideas: hay que observarlos más bien cuando ríen. En ese sentido, Converso está realzado por un desopilante sentido del humor, así como por una emotiva densidad humana.

Arratibel retrata a su propia familia de forma sincera, sin perifollos inútiles, conforme sus miembros abrazan la religión católica. No puede ser más insólito un título como Converso, realizado en una época desarticulada, en la que muchas personas, pertenecientes a razas, culturas y clases sociales diferentes, buscan una explicación a sus dudas más profundas. A partir de ahí, el rostro humano de los protagonistas aparece limpiamente y se convierte en una especie de espejo, en el que descubrimos el toque trascendente, el contacto inaprehensible, como en el gran fresco de Miguel Ángel en el que el dedo de Dios roza el dedo del hombre.

Viniendo de un agnóstico como David Arratibel, tal vez falten algunas dosis de ironía, un poco en la línea de Woody Allen, cuando decía: «Ojalá que Dios me diera una señal clara. Como tener un gran depósito a mi nombre en un banco suizo». A partir de ahí, Converso posee la respetuosa simplicidad de las obras iluminadas por el amor, al tiempo que, sublimada y transfigurada, pone de manifiesto la secreta, la ideal belleza de los sagrados ritos de cada día. La cualidad surrealista del cine se da aquí del modo más puro a la hora de retratar las imágenes de lo cotidiano, de forma tierna o humorística, agradable o triste, pero en cualquier caso, una imagen más verdadera que esa verdad exterior que vivimos.



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